viernes, 31 de octubre de 2014

Lección gastronómica del maestro Juan Mari Arzak

La cocina del otoño al invierno

Todas las épocas del año, siempre que respetemos escrupulosamente la estacionalidad, son óptimas para la cocina. Por supuesto que el otoño y posteriormente el invierno es un momento idóneo de muchas verduras: cardo, borraja, calabaza, coles, berza lombarda, coliflor, etc. Y también para muchas frutas como: las uvas, mandarinas, naranjas, membrillos y las ingentes variedades de manzanas y peras. También es la época de la caza, de multitud de setas (comenzando al final del verano y principios del otoño con esa joya que es la Amaníta Caesarea) y posteriormente, ya bien avanzada la época invernal, de las increíbles trufas. Antes de la invasión mimética de Halloween, las castañas eran las verdaderas reinas de las fiestas de finales de Octubre y principios de Noviembre en muchas zonas del norte de España.
Estas épocas frías nos evocan de inmediato las ostras y vieiras, así como otros mariscos cercanos de verdadero lujo. Época de matanzas que glorifican gastronómicamente al cerdo, con las consiguientes morcillas, en nuestro ámbito las de verduras como las de Beasain. Es un momento del año en el que apetecen los más suculentos potajes, en nuestro caso concretamente los de alubias de Tolosa o Gernika acompañadas de todos sus sacramentos, o las reconfortantes sopas como la de pescado a la donostiarra y sobre todo nuestra Zurrukutuna, la que se puede definir como una sopa de ajo ilustrada con bacalao y choriceros y de la que hay fórmulas magistrales y hogareñas. Y que decir de la repostería especifica que arranca con los buñuelos rellenos de Todos los Santos y que culminan en las navidades con compotas de manzana con orejones, higos secos y ciruelas pasas, así como la rescatada formula de la Intxaursalsa, una crema de nueces tan ancestral y sencilla nacida en los hogares rurales de antaño del País Vasco.
Pero me parece obligado comenzar en orden cronológico detallando como en los comienzos del otoño el color y aromas de los pimientos rojos, en sus distintas especies, nos rodean y engatusan. Los rotundos morrones de bola, por cierto un pimiento injustamente marginado en favor de sus hermanos (todos de la variedad capsicum annum) ya que son una delicia como lo expresa una amorosa copla navarra “Como el pimiento morrón/ tienes piel fina y sedosa / la cara coloradica / y la carne apetitosa”. A los que hay que añadir otros miembros de la numerosa tribu, como los tan prestigiosos y delicados piquillos, los suculentos pimientos del pico, los bardeneros picantes o dulces, el choricero largo o esa increíble delicadeza aterciopelada: los elegantes pimientos de cristal que nos evocan de inmediato a las huertas de Cintruenigo y las de su entorno. Lo dicho anteriormente de su aroma no es algo superfluo. Y es que, sea dicho, que pocos cosas hay tan deliciosas y embriagadoras como los efluvios que desprenden los distintos pimientos rojos al asarse bien a la parrilla o al horno, no sólo nos inundan la cocina y el resto de la casa de su peculiar aroma al socarrarse los pimientos, sino que incluso llenan las escaleras hasta el portal del conjunto del edificio y la propia calle donde se ubica.
Por otra parte el otoño abre la puerta a una de las épocas más pletóricas de la cocina: la de la mayoría de los platos de caza. Ha llegado la de la realización personal ante las joyas cinegéticas que la naturaleza y la habilidad de los cazadores brindan. Una culinaria tradicional pausada que despierta pasiones, muchas veces compartidas, de cazadores y buscadores de setas. Todos ellos amantes de la naturaleza y seguramente refinados gastrónomos. La cocina de la caza y las setas es además un arte de antaño que se pierde en la noche de los tiempos, que se debate paradójicamente (ese es el signo de esta época) entre perpetuar las tradiciones y servir a la inevitable y necesaria evolución.
Me resulta también obligado hablar de la verdura invernal por excelencia: el cardo. El cardo (sobre todo el rojo) sigue estando presente, dentro de su corta estacionalidad, en las mesas más refinadas, pero muy especialmente en Navarra. Se trata de una joya de una textura carnosa, de delicado sabor (que recuerda a su pariente la refinada alcachofa), y que además es de una gran versatilidad en los fogones. De esta cualidad nace la riqueza de sus emparejamientos con los más dispares productos. Entre las recetas clásicas lo encontramos (a veces en compañía de la alcachofa) asociado a las almendras o al jamón. La untuosidad del tuétano o el foie gras, en las formulas actuales, le van de maravilla. O lo podemos tomar simplemente crudo, como antiguamente lo elaboraban en la Ribera de Navarra (aunque suene a muy actual): cardo rizado, crudo y en ensalada. Se trata de una técnica en la que tras unos mágicos cortes, la penca del cardo se vuelve rizada y crujiente
 
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jueves, 30 de octubre de 2014

El boletus se sienta a la mesa

Publicado en el Huffginton Post
 
Los amantes de los boletus viven una época dorada para su paladar cada vez que llega el otoño. A medida que avanza la estación, esta seta invade las cartas de sugerencias de los restaurantes y bares de tapas de toda España. En salsa, a la plancha, como acompañamiento de la carne, en forma de croquetas… ¡No hay plato que se le resista!
Y este año con una particularidad especial: tras una primavera y un verano pasados por agua, el otoño está siendo especialmente soleado, lo que favorece la proliferación de setas, incluido el boletus. "La temperatura de ahora es idónea, incluso si baja unos grados, porque hasta que no hiele o comiencen las lluvias torrenciales que encharquen la tierra y echen a perder la cosecha seguiremos recogiendo setas", explica el chef José Luque, encargado de la cocina del restaurante del Hotel Intercontinental Madridy responsable de las jornadas de boletus que se organizarán la próxima semana en este establecimiento. Esta dependencia de la meteorología sumada a que es un producto salvaje (que no se puede cultivar), convierte a este producto en un ingrediente altamente valorado en nuestra gastronomía.
"Los boletus del grupo edulis son muy apreciados porque su carne suele ser muy compacta, con un olor y un sabor muy agradable. En particular, el blanco (B. edulis) tiene un sabor dulce, como a avellanas; puede consumirse crudo, aunque para algunas personas puede resultar difícil de digerir", explica la doctora María P. Martín, jefa del Departamento de Micología del Real Jardín Botánico, del CSIC, y responsable científica de la aplicación FungiNote, disponible para iOS. Esta app es una especie de guía de campo para orientar a los usuarios en la identificación de hongos, entender sus propiedades y sus características. Además ayuda a diferenciar las setas comestibles de las que no lo son. Es el caso del boletus edulis (izquierda) y el satanás (derecha).
b edulis b satanas
"El mataparientes o boletus satanás es el más tóxico, su consumo provoca trastornos gastrointestinales con vómitos y diarreas persistentes. Para evitar confusiones, no se deben consumir boletos cuya carne azulee al contacto con el aire o al roce", matiza Martín. "Tampoco se deberían recolectar para el consumo las setas (sean boletus u otra especie) que estén en los márgenes de las carreteras, en parques o en jardines, ya que la gran mayoría de los hongos presentan gran tolerancia a los suelos contaminados con metales pesados".
POCAS CALORÍAS Y MUCHO POTASIO
Si bien ya conocemos las cualidades gastronómicas de las setas, nutritivamente gozan también de ciertas ventajas. La primera es su bajo aporte calórico, debido a su alto contenido en agua. 100 gramos de setas representan alrededor de 20 calorías. Eso suponiendo que las cocinamos a la plancha, ya que el aporte varía según el método de preparación. No es lo mismo hacer boletus en salsa (con nata) que freírlos o prepararlos en una tosta con foie.
Este bajo aporte calórico, que convierten a los boletus en un producto apto para todos los consumidores, incluso para aquellos que están a dieta, se debe a su alto contiendo en agua (90%) y su baja proporción de hidratos de carbono, proteínas y grasas. "De acuerdo con trabajos publicados en la revista Food Chemistry, tras la cocción, en 100 gramos de las especies del grupo edulis, hay unos 6,8 gramos de proteínas, 1,7 de lípidos y 22,3 gramos de hidratos de carbono", señala María P. Martín.
Los boletus contienen un 2,5% de fibra, que se encuentra en forma de celulosa. Además aportan provitamina D, que favorece la absorción de calcio y fósforo, lo que ayuda a la mineralización de huesos y dientes: así como en calcio, hierro, magnesio y potasio. Este último micronutriente, especialmente abundante en los plátanos, es fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso y determina la contracción y relajación de los músculos, por lo que resulta fundamental para la recuperación después de realizar ejercicio físico.
A pesar de todo ello, como señala el nutricionista Juan Revenga en su blog El nutricionista de la general, "el valor nutricional de las setas como alimento es más bien escaso". Se refiere tanto a que aportan poca energía y pocos nutrientes: "Tiene poco de todo y de lo que más tiene no suele haber deficiencias en nuestro entorno".
COCINAR BOLETUS
Si bien los boletus no son tan ricos nutritivamente, sí lo son en aromas. Ahí reside su riqueza y de ahí que sea importante saber conservarlo. ¿Y cómo se hace? En el lavado."Lo que no hay que hacer nunca es meterlos en agua o ponerlos debajo del grifo. Porque los boletus lo que aportan es mucho aroma y de esa forma se perdería", señala el chef José Luque. Además, al ser un producto muy poroso, es fácil que se encharquen y se echen a perder.
El cocinero recomienda limpiar la parte inferior con un cuchillo y un paño húmedo para eliminar los restos de tierra y barro incrustado, mientras que para la parte superior "bastaría cepillarlos con un cepillo de dientes y quitarles las arenillas sin que sea necesario cortar", señala. Este vídeo muestra exactamente cuáles son los pasos.
Una vez limpio lo ideal es cocinarlo directamente, "cuanto más tiempo pase en el frigorífico, más va perdiendo y más se secan". Para guardarlo en la nevera habría que taparlo con un paño seco y nunca con papel film, "porque con la humedad que se genera, él mismo crea gusanos". Y para poder disfrutar de su sabor todo el año, se puede envasar al vacío o congelarlo.
Y si lo que quieres es cocinarlo, aquí tienes tres recetas propuestas a El Huffington Post por el chef José Luque.
  • Crema de boletus, langostinos y piñones
    Ingredientes:

    — 200gr de boletus edulis, para esto usamos los más feos o deteriorados.
    — 1⁄2 cebolla
    — 2 dientes de ajo
    — 2 patatas medianas
    — 1⁄2 puerro solo el blanco
    — 1⁄2 copa de brandy
    — 1 vaso de nata líquida
    — 1⁄2 litro de caldo de verduras o pollo (en su defecto agua)
    — Sal
    — Pimienta blanca
    — 8 langostinos cocidos
    — 15 gr de piñones tostados
    — 1 dcl de aceite de oliva virgen extra

    Elaboración:

    Pochamos la cebolla, puerro y ajo en un poco de aceite de oliva hasta que esté la verdura transparente.
    Añadimos los boletus laminados, la patata troceada y rehogamos todo junto. Añadimos el brandy y flambeamos. A continuación, mojamos con el caldo, dejamos reducir un poco y añadimos la nata líquida, que cueza todo hasta que la patata esté tierna.
    Trituramos y pasamos por el chino. Volvemos a poner al fuego para que levante de nuevo y coja color. Si estuviese muy espesa añadiríamos un poco de caldo, la textura debe de ser de crema ligera.
    Emplatamos en un bol con los langostinos pelados y troceados en el centro, unos pocos piñones y un chorrito de aceite.
  • Guiso de boletus al vino tinto y yema de huevo
    Ingredientes:

    — 800 gr de boletus
    — 1 cebolla
    — 3 ajos
    — Perejil
    — 1⁄2 brandy
    — 1⁄2 dcl vino tinto
    — Jugo de carne
    — 4 yemas de huevo
    — 2 dcl aceite de oliva virgen extra

    Elaboración:

    Picamos la cebolla y el ajo, pochamos todo en un poco de aceite.
    Añadimos los boletus laminados en trozos gruesos, salteamos hasta que estén tiernos, flambeamos con el brandy, añadimos el vino tinto y dejamos cocer cinco minutos. A continuación rectificamos el punto de sal y pimienta.
    En un poco de aceite templamos las yemas de huevo a unos 60 grados o para que no se nos cuajen.
    Colocamos los boletus en un plato sopero, añadimos un cordón de jugo de carne y sobre la yema atemperada con unas escamas de sal y un chorro de aceite de oliva.
  • Carpaccio de boletus, aceite de cardamomo y alioli
    Ingredientes:

    — 450 gr de boletus edulis muy frescos
    — Aceite de oliva virgen extra
    — Semillas de cardamomo verde
    — 1⁄4 litro de mayonesa
    — 1⁄2 Ajo
    — Perejil
    —Brotes de Sakura

    Elaboración:

    Limpiar bien el boletus y cortarlo en láminas finas de 2 milímetros y estirar en un plato llano.
    Confitar en aceite el cardamomo a 70 grados tapado con un papel film para no perder aroma.
    Preparar el alioli con mayonesa, el ajo sin el germen y el perejil.
    Rociar los boletus con aceite aromatizado de cardamomo, decorar con puntos de alioli, brotes y sal en escamas.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Juan Mari

Arzak: arte culinario
 
 

 

No es buey todo lo que dicen que lo es


Casi cada semana desde que escribo sobre temas cárnicos tengo alguna conversación coñazo  sobre lo increíble que está la carne de buey en tal sitio, sobre la música clásica que le ponen al wagyu para que su carne suene a gloria o a cerca de las increíbles prestaciones de la vaca machorra para la brasa… en general estamos todos igual de flipados, que de perdidos.
Como además ya conocéis mi lucha decidida para acabar con los timos basados en llamar a las cosas lo que no son (para cobrarnos como si de verdad lo fueran), he decidido escribir estas líneas a ver si puedo poner mi granito de arena en este Quién es Quién de la carne y ayudar  a que no nos den “gato por Kobe”

TERNERA

Una ternera es la cría de una vaca que tiene hasta un máximo de 12 meses de edad cuando se sacrifica y que pesa entre los 150 y 230 kilos. Su carne es de color rojo muy vivo y tiene una grasa muy blanca, además apenas tiene grasas infiltradas (fíjate en la parte del medio de la chuleta, apenas se ve grasilla entre la carne)

Un poco de culturilla…
Desde el 1 de julio de 2008, en la Unión Europea se aplica una definición obligatoria para la venta de ternera, que incluye dos categorías:
Categoría V: edad de sacrificio hasta 8 meses, y Categoría Z: edad de sacrificio de 8 a 12 meses.

Esto son chuletas de ternera:


Para que no te timen… El bicho pesa de 135 a 230 kilos cuando se sacrifica, así que chuletas… más bien de las pequeñas si las comparamos con el típico chuletón de vaca.
El kilo de chuleta de ternera de buena calidad en una carnicería de confianza puede costar entre 11€ y 15€ el kilo. En Euskadi no tenemos tradición de comer chuletón de ternera, pero si sales de aquí, te lo encontrarás con facilidad… no en tamaño de “kilo” pero sí chuleta de ternera “de ración” (500 gr. Aprox)

VACA


Una vaca es una hembra de más de 48 meses cuando se sacrifica y pesa en torno a los 400 kilos. En muchos restaurantes en lugar de vaca se utiliza añojo, que es el mismo animal, pero sacrificado pasados los 12 meses y antes de los 4 años.
Es lo que te sirven en el 99% de los restaurantes de Euskadi y alrededores cuando te pides un chuletón. Se identifica por un color de carne más oscuro, más presencia de grasa infiltrada y una grasa tirando a amarillenta.

Para identificarlo… ¡Este es bien fácil! Es el que estás acostumbrado a comer, su precio en carnicería puede variar entre los 16€/18€ para vacas gallegas (aunque quizás puedas encontrarlas más baratas si conoces un buen sitio) y los 20€/24€ si es Eusko Label.

Pero la que comes normalmente en Bilbao no es ni una, ni la otra…  son carnes procedentes del norte de Europa con precios al por mayor que rondan los 12/14€ el kilo.  Si bien es verdad que aunque pocos o ningún restaurante de Bilbao ofrece carne con Eusko Label, es cierto que muchos sí que sirven vaca gallega.

BUEY

Solo 1 de cada 10.000 reses que se matan en España es de Buey, no hay bueyes, búscalos, quizás encuentres alguno de los 1.500 que viven en toda la península.
¿Qué es? Un macho castrado de más de 48 meses. Su peso está entre los 500 y 700 kilos para los bueyes del valle de Esla, pero pueden llegar a pesar hasta 2.000 kilos como fue el caso de “Pezuñas” sacrificado en Gipuzkoa en 2013.

Fíjate la diferencia: a la derecha dos chuletas de buey (8 kilos entre las dos) a la izquierda dos chuletas de vaca (4 kilos entre las dos)

Un poco de culturilla…
La OCU, advirtió en 2011 que “Lo que se vende con el nombre de “carne de buey” son piezas procedentes de vacas lecheras a las que se retiran de la producción de leche (se desviejan), se ceban durante meses para que engrasen y luego se sacrifican. La carne es de buena calidad pero no es de buey y se vende a precios mucho más asequibles. Carne de buey por menos de 20 euros el kilo nos debe generar desconfianza porque es muy probable que se trate de carne de vaca”,
Para identificarlo… Si una ternera pesa unos 200 kilos, una vaca pesa en torno a 400 y un buey pesa 600… ¡Hombre!  Pues es obvio que sus chuletas han de ser proporcionales al peso del bichito, ¿no?
Una chuleta de buey suele ser de tamaño mayor que el de la vaca, de un color rojizo menos vivo y con mayor cantidad de grasa infiltrada. Pero si no se te da bien el calcular pesos y lo de los colores no es lo tuyo… fíate de la pasta: En una carnicería es muy difícil encontrar buey, pero si pescas uno, cada kilo de chuleta no bajará de los 40€, así que calcula que en la mesa del restaurante no bajarían de 70€ kilo.

    KOBE/WAGYU

Estoy seguro de que el 99,9% de las personas que estéis leyendo esto estaréis en la misma situación que el que escribe… NUNCA habéis probado carne de KOBE de verdad de la buena…
Solo para saber que pinta tiene... así es la “de verdad”


Toda la carne de Kobe es Wagyu, pero no todo el Wagyu es Kobe…

WAGYU: Es una certificación que el gobierno japonés otorga a vacas y bueyes de 4 razas puras y sus variantes nacidas y criadas en Japón, estas reses no se exportan y son:  Japonesa Negra, Japonesa Marrón, Japonesa Moteada, y Japonesa Cuernos-cortos (Los nombres oficiales Tajima, Tottori, Shimane, Kochi y Kumamoto.)
KOBE: Es una denominación de origen Japonesa que se otorga a ciertas carnes procedentes de Wagyu después de su sacrificio y tras haber certificado unos estándares de calidad altísimos.  Solo se aceptan las vacas que hayan nacido en la Prefectura de Hyogo. Esta carne si se exporta en pequeñas cantidades.
Es un mundo apasionante y para descubrir mitos y realidades sobre esta carne os recomiendo este artículo http://profundidad.net/blog/bifteck-kawamura-para-comer-carne-de-kobe-en-tokio

Para identificarlo… Esta carne se puede probar en muy pocos restaurantes de España, si lo encontráis (por ejemplo el kabuki Wellington de Madrid) deberéis romper la hucha: un filete de KOBE de verdad cuesta en torno a los 90€, y ni siquiera es posible pedir un chuletón de kilo. La pieza de unos 700 gramos costará en la mesa del restaurante en torno a 250€.

viernes, 8 de agosto de 2014

Sobaos Pasiegos

Los más grandes no llevan ningún colorante, asegura Casa El Macho

El sobao pasiego de talla XXL

  • Cántabro 100%, si este típico dulce de los valles pasiegos es hoy habitual en muchos desayunos y meriendas de España, es gracias al trabajo de fabricantes artesanos como Casa El Macho
Ya no hay que viajar a Cantabria para poder degustar un sobao pasiego. De alguna forma, este pastel –para algunos– o bizcocho –para otros– se ha popularizado y alejado de esos orígenes en que se reservaba para las grandes celebraciones de la zona.
“Los buenos, los artesanales, los que no tienen conservantes, no están en todos los supermercados porque su pronta caducidad limita su distribución, pero sí en muchos comercios especializados en dulces o bien en las secciones gourmet de algunas grandes superficies”, indica Fernando Fernández, nieto de los fundadores de Casa El Macho, obrador especializado en quesadas y sobaos.
Gumersindo García González, apodado El Macho, y Matilde Sainz Güemes comenzaron con la actividad a mediados de los años cincuenta en su pequeño bar de Selaya.
En 1995 llevaron el obrador a un local más grande, donde continúa
“Era una pequeña taberna-tienda que hacía las veces de tasca y venta de comida, donde mi abuela comenzó a elaborar quesadas para la gente que visitaba el pueblo, sobre todo en fiestas. Los fines de semana también se acercaba gente de fuera a bailar aquí a ritmo de organillo, en el pequeño salón de baile que mis abuelos abrieron después y que con el tiempo se convirtió en sitio para celebrar banquetes de bodas, en las que nunca faltaba la quesada de postre”, cuenta el empresario, ya tercera generación de la familia.
Hasta avanzada la década de los sesenta, Matilde y Gumersindo no comenzaron a fabricar sobaos, primero en la panadería del pueblo, luego ya comprando su primer horno, “pequeño”. Y ya en los años setenta se hicieron con una amasadora, tomando la decisión de convertir el salón de baile en obrador de ambos productos.
“El salto se dio en 1995, cuando se trasladó el negocio a los locales donde actualmente sigue ubicado. Con los planes de desarrollo hubo mucho éxodo a la ciudad y así, sobaos y quesadas llegaron más allá de las zonas rurales”, detalla Fernando, quien comparte la actividad con otros tres miembros de su familia que también han querido seguir con la tradición, “realizando los trabajos en la parte inferior de la casa, encomendados a diez personas, mientras que las zonas de arriba se destinan a vivienda”.
Las ventas actuales de Casa El Macho en cada región española son proporcionales a los cántabros que tienen asentados. Nada menos que el 90% del producto se sigue degustando en su lugar de origen, y el porcentaje restante se reparte principalmente entre Madrid, “donde llegaron muchas familias con vaquerías”, y también algo llega a Cádiz y Sevilla, “a las que también se fueron muchos paisanos”.
Fernández considera “suficiente” esta expansión. Es consciente de que, en su caso, es complicado pretender llegar a otros mercados, nacionales y extranjeros, por lo artesanal del proceso de fabricación.
Fernando Fernández, de la tercera línea generacional, comparte el negocio con otros tres familiares. En la foto, con su hija y su mujer.
“Nuestra satisfacción viene dada de lo conseguido, y ahora la habilidad es mantenerlo”. La facturación anual suele rondar los tres millones de euros; a excepción de estos últimos años, en los que el consumo ha sufrido “cierto descenso”.
La propia naturaleza del producto, bastante perecedero al llevar muy poco o ningún conservante, limita también las posibilidades de llegar a nuevos mercados. “Los sobaos deben consumirse en los diez días posteriores a la compra”.
No se sabe muy bien por qué, pero en el caso del sobao, cuanto más grande es, más natural: “El pasiego gigante, de 180 gramos, es el que no lleva ningún colorante, y quizá esto explica en parte ese éxito de ventas, que doblan a las de los de tamaño menor. El consumidor lo ve más genuino y lo sabe apreciar, porque en esa talla hasta el sabor cambia, pues parece que el bocado cunde más”.
No obstante, la ley del mercado manda, y saliendo de las zonas gourmet, los supermercados piden productos que tengan más margen de caducidad. “Esta otra demanda se cubre con paquetes de sobaos más pequeños, por tanto más numerosos, y ahí todos hemos ido al rebufo de la marca Martínez, que es la que ha popularizado este dulce”, reconoce el cántabro.
¿La receta? Azúcar, harina, mantequilla, huevos e impulsor, esos son los ingredientes desde que se elaboró el primer sobao –que no superaba los 30 gramos y tenía “forma de lengua”–; su proporción ya no se revela, aunque la familia Fernández considera que lo que quizá les diferencia es el modo de fabricarlo, sobre todo detalles en apariencia tan intrascendentes como amasar la mantequilla dura o derretida.
“Nosotros preferimos lo primero, porque nos parece que resulta una masa más fina, pero es cuestión de matices, de gustos, y de mantener ese quehacer artesanal, pues en Casa El Macho solo se usan pequeñas máquinas, como cascadoras, amasadoras, y poco más”.

Mil quesadas hechas a mano

Los dulces se elaboran con poco o ningún conservante. /
El negocio de Casa El Macho empezó con las quesadas. Más de 60 años después, se siguen haciendo tal cual, a mano, sin intervención de máquinas.
“Sin duda es un producto laborioso, que lleva su tiempo por este carácter artesano. Hay que cuajar la leche natural, hacer el queso, añadir el suero, amasar el azúcar, la mantequilla y los huevos... y después darle al pasapuré, al pequeñito de toda la vida”.
Ahora, en verano, se multiplica su demanda debido al turismo, llegando a vender unas 1.000 quesadas diarias en los meses de julio y agosto, frente a las 300 de media en otras temporadas”.
En los bajos de la vivienda familiar tienen montado el obrador. Y se comercializa en torno a los 8 euros.

Fieles a la receta original

Casa El Macho. /
“Hablamos de un negocio controlado, tanto por esas características del producto como porque no somos economistas ni empresarios (aunque tengamos una empresa), sino artesanos, obradores”, resaltan.
Han rechazado hacer más lights sus postres y también adaptarlos a personas celiacas. “Es que pasaríamos entonces a fabricar otra cosa que tendría por tanto que llevar otro nombre, ni sobao, ni quesada. Además, no tenemos tampoco esa capacidad de producción, con las 15 personas que somos”.
Tienen la certificación de Indicación Geográfica Protegida (IGP), que acredita que sus productos se hacen con materia prima de la región y que no llevan conservantes, un sello que Casa El Macho luce en todos sus envases.

martes, 27 de mayo de 2014

10 chefs a los que no perder de vista

El chef Artur Martínez, del restaurante Capritx, en Terrassa (Barcelona). / Vicens Giménez
Sus nombres empiezan a sonar aunque todavía no se hayan encaramado al lugar que les corresponde. Tienen ingenio, son inconformistas y a diario buscan su propio camino. Representan a una nueva generación de cocineros españoles que darán que hablar en el futuro. Junto con determinados compañeros del oficio, se encuentran en la retaguardia dispuestos a ir tomando el relevo. Algunos ya han demostrado su valía en los concursos en los que han participado. Otros esperan su momento.
Se han formado junto a grandes maestros de la cocina española y atesoran un enorme bagaje técnico. Saben que la mejor cocina pasa por el respeto a las temporadas y los productos del mercado y se aferran a la producción local sin desestimar alimentos lejanos.
Convierten la técnica en un complemento y defienden con uñas y dientes las señas de identidad gastronómica de sus respectivos territorios. En sus platos hay refinamiento, sabor y elegancia. Y también creatividad e instinto.
La lista de jóvenes talentos de la cocina española no concluye con estos nombres. Hay muchos desconocidos que los acompañan en el empeño. Son los protagonistas de un futuro repleto de grandes expectativas. Antes de que el éxito les atrape, vale la pena descubrir su pequeño gran universo.

01 Ricardo González

EL RETIRO DE PANCAR
Ricardo González quedó segundo en 2011, con 25 años, en el VI Campeonato de Jóvenes Cocineros.
Es una de las jóvenes promesas de la cocina asturiana. Discípulo de Manolo de la Osa, Nacho Manzano y Raúl Aleixandre, Ricardo González armoniza técnica y sensibilidad a partes iguales. Con 25 años se clasificó en segunda posición en el VI Campeonato de España de Jóvenes Cocineros (2011). Elabora una cocina marcada por el equilibrio que se desdobla en dos tipos de recetas. Borda platos tradicionales como las croquetas, el pollo de corral y el arroz con leche, y se desmelena con otros más atrevidos con una creatividad incuestionable. Sugerencias en las que salen a relucir las señas de identidad de Asturias. Entre ellas, la crema de coliflor con berberechos y algas, la cigala a la sal o el salmonete en tostada con sus higaditos.
  • El Retiro, 7.
    Pancar-Llanes (Asturias).
    Entre 40 y 60 euros por persona.
    Teléfono 985 40 02 40.

02 Sergio Bastard

LA CASONA DEL JUDÍO
El chef Sergio Bastard.
Sergio Bastard es uno de los cocineros más prometedores e imaginativos de nuestro país. Después de una larga trayectoria en la que pasó por restaurantes relevantes, se ha asentado en Cantabria, donde está dando rienda suelta a una creatividad marcada por el naturalismo. Su cocina sigue las corrientes vegetarianas de Andoni Aduriz y Paco Morales. Engarza el mar con la huerta y la extraordinaria despensa circundante. Considera que la técnica debe estar en un segundo plano, como una manera de realzar los productos que maneja. Trabaja muy bien las pequeñas verduras, que armoniza a la perfección con algas (codium y pistilata). En suma, cocina de alto rango en línea con los cocineros contemporáneos más ilustres. Si se asienta, dará mucho que hablar en el futuro.
  • Repuente, 20.
    Santander (Cantabria).
    Entre 25 y 35 euros por persona.
    Teléfono 942 34 27 26.

03 Iván Cerdeño

LA CASA DEL CARMEN
Iván Cerdeño, chef de La Casa del Carmen, en Olías del Rey (Toledo).
Iván Cerdeño ha sido discípulo dilecto de Pepe Rodríguez Rey (El Bohío, Illescas). Con tanta gracia como soltura y con una pizca de desenfado, consigue refinar los recios sabores manchegos. Su restaurante, a pie de carretera cerca de Toledo, realiza propuestas que entusiasman. Platos frescos, limpios, ligeros y bien concebidos en los que se percibe un golpe de modernidad aunque juegue con sabores tradicionales. La merluza en salsa verde, la paletilla de cabrito asado, la presa ibérica con guiso de berenjenas de Almagro se transforman en sus manos en recetas brillantes. No hay que perderse la tapa de escabeche manchego de jurel con queso Flor de Esgueva, con el que acaba de ser premiado en un concurso.
  • Autovía Madrid-Toledo, kilómetro 61,200.
    Olías del Rey (Toledo).
    Precio: entre 25 y 35 euros por persona.
    Teléfono 925 49 07 59.

04 Artur Martínez

CAPRITX
Artur Martínez, en los fogones del restaurante Capritx, en Terrassa (Barcelona).
El cocinero Artur Martínez desciende de una familia de hosteleros con medio siglo de trayectoria a sus espaldas. Desde su refugio periférico, alejado del centro de Barcelona, sintoniza con la doctrina del kilómetro 0, movimiento al que se adhirió con prudencia hace cuatro años. Dignifica las materias primas del Vallès Occidental apoyando a los productores del entorno. “La rotura de las estaciones es la mayor perversión a la que se enfrenta la cocina moderna”, afirma el chef. “Siento pasión por los productos humildes, desacreditados y baratos”, dice. A partir de un gran bagaje técnico consigue resultados brillantes armonizando productos vegetales, pescados y carnes con una amplitud de miras. En suma, cocina con identidad territorial y de complejidad no forzada.
  • Padre Millán, 140.
    Terrassa (Barcelona).
    Entre 30 y 50 euros por persona.
    Teléfono 937 35 80 39.

05 Iago Castrillón

ACIO
El chef Iago Castrillón. / Alfredo Arias
En su recoleto restaurante, el chef Iago Castrillón sigue en ascenso imparable. A diario elige los mejores ingredientes de la despensa gallega, que adquiere en el mercado de abastos de Santiago o que recolecta en su propio huerto. Elabora recetas que resuelve con sensibilidad y una notable formación técnica. Es un especialista en el diseño de tapas que han sido galardonadas en diferentes ocasiones en los concursos que se celebran en Santiago. Sus platos, creativos e innovadores, aúnan técnica y precisión con un sello personal y una habilidad especial para conjugar tradición y vanguardia. Es un maestro de las armonías que reinterpreta la memoria gastronómica gallega con arreglo a nuevos criterios. En suma, rusticidad, refinamiento y suculencia.
  • Rua das Galeras, 28.
    Santiago de Compostela (A Coruña).
    Entre 25 y 35 euros por persona.
    Teléfono 981 57 70 00.

06 Sergio Martínez

KEKI TAPERÍA
Sergio Martínez en la cocina de Keki Tepería, en Murcia, con una bandeja de 'tataki' de atún rojo.
Fue declarado mejor cocinero de Murcia en el año 2008. Su local —Keki— es un espacio indefinible, entre desenfadado y bullicioso, donde se sirven tapas y raciones. Y también menús de precio moderado en los que saca a relucir un estilo de cocina mucho más refinado de lo esperable. No en vano Sergio Martínez ha sido discípulo del chef Manolo de la Osa y de Josean Alija en el Guggenheim bilbaíno. Y también de Nacho Manzano, con quien aprendió a elaborar unas croquetas antológicas. Su devoción por la cocina de la región le lleva a rescatar platos tradicionales que sirve cada día de la semana: asado de cordero, olla gitana con calabaza, pollo a la cerveza y al ajo cabañil, cocido murciano con pelotas y arroz con verduras y costillejas. Platos que sabe refinar y a los que aporta toques contemporáneos.
  • Fuensanta, 4. Murcia.
    Precio medio: 25 euros.
    Teléfono 968 22 07 98.

07 Juan Carlos Padrón

EL RINCÓN DE JUAN CARLOS
Juan Carlos Padrón en su restaurante tinerfeño.
Una de las cocinas más personales y singulares de Tenerife. Platos elegantes y poco recargados en los que Juan Carlos Padrón expresa su libertad de pensamiento y una sensibilidad especial para combinar los alimentos de la isla. Hijo de cocineros y nieto de pescadores, sus recetas dejan traslucir una acusada imaginación, sentido del equilibrio y una declarada devoción por los productos marinos. Mezcla lo dulce con lo salado, juega con las formas y aporta a cada una de sus recetas chispazos de humor y de elegancia. Algunas de sus especialidades, como el otro huevo Kinder, los merengues de canela con foie-gras o el turrón de morcilla canaria con crema de almendras, demuestran que en sus propuestas hay evocación de las raíces y respeto por los productos.
  • Pasaje Jacaranda.
    Santiago del Teide (Santa Cruz de Tenerife).
    Entre 30 y 35 euros por persona.
    Teléfono 922 86 80 40.

08 Miguel Ángel de la Cruz

LA BOTICA DE MATAPOZUELOS
El cocinero Miguel Ángel de la Cruz.
Aunque trabaja en una casona de labranza del siglo XIX donde se asan cuartos de lechazo en horno de leña, la cocina de Miguel Ángel de la Cruz, de perfil vegetariano, es de una modernidad que asombra. Se trata de un cocinero de enorme talento que posee técnica e instinto. Ganó el Campeonato de Cocineros de Castilla y León en 2008 y no deja de realizar trabajos de investigación con los productos del campo y los pinares que lo rodean: los piñones y la piña albar, a los que dedica jornadas apasionantes, y las plantas medicinales con las que ha construido una persuasiva
  • Plaza Mayor, 2.
    Matapozuelos (Valladolid).
    Precio medio: unos 50 euros por comensal.
    Teléfono 983 83 29 42.

09 Juan Carlos Trujillo

CANELA EN RAMA
Juan Carlos Trujillo, en el comedor de Canela en Rama, en Linares (Jaén).
Trabaja en una taberna situada a ras de la calle, en la que el olor a canela inunda el ambiente de la sala. Toda una declaración de intenciones. Juan Carlos Trujillo, discípulo de Manolo de la Osa, se suma a las corrientes renovadoras que pisan con fuerza en la cocina andaluza. Trabaja con aceites de Jaén, setas y caza de Sierra Morena, verduras procedentes de la vega de Granada y pescados de las lonjas andaluzas. Con el cerdo ibérico, su producto fetiche, consigue especialidades notables. Entre ellas el sashimi ibérico de orza, los tropezones de careta o la papada con alcachofas. La chispa que posee Juan Carlos Trujillo para interpretar recetas tradicionales queda de manifiesto en platos como el arroz de ibéricos, el huevo alpujarreño y el canelón de morcilla con bechamel de canela.
  • República Argentina, 12.
    Linares (Jaén).
    Precio medio: 35 euros.
    Teléfono 953 60 25 32.

10 Daniel Ochoa

MONTIA
Luis Moreno y Daniel Ochoa (derecha), en la cocina del restaurante Montia, en San Lorenzo de El Escorial (Madrid).
Daniel Ochoa y su socio, Luis Moreno, están revolucionando en este local la cocina de la sierra madrileña. No disponen de carta y tan solo ofrecen dos menús de precios moderados. En su despensa, panes artesanos de una finca biodinámica próxima, agua de manantial, berros y corujas del entorno, frutos y bayas silvestres y mantequilla de Colmenar Viejo. En las mesas desfilan platos muy imaginativos que se resuelven con chispa y un acertado sentido del equilibrio. Entre sus especialidades, royal de paté a la cerveza de Cibeles, conejo a la royal y tacos de entrécula (solomillo del carnicero). Recetas con ingredientes asequibles, de alma clásica y técnica contemporánea. No en vano Daniel Ochoa es discípulo del gran cocinero Julio Reoyo (del restaurante Villena, en Segovia).
  • Calvario, 4.
    San Lorenzo de El Escorial (Madrid).
    Precio medio: unos 33 euros por comensal.
    Teléfono 911 33 69 88.

martes, 29 de abril de 2014

Reservas en los mejores restaurantes del país

Los mejores restaurantes de España: ¿Cuánto se tarda en conseguir mesa?

EL HUFFINGTON POST  |  Por






lunes, 28 de abril de 2014

Pintxos en Donosti

Txuleta
Pintxo 0

UN DÍA Y DIEZ PINTXOS DE LA VIEJA ESCUELA DONOSTIARRA

Bon Vivant es todo un gastrolover: persona con gusto delicado y exquisito paladar. Y se estrena en Kulturaldia a lo grande. Lecciones de pintxos de la vieja escuela donostiarra. Fotos: www.bixigarri.com

Calle de Peña y Goñi, 13BODEGA DONOSTIARRA

Indurain

Atiende: Marijo
Precio: 2,25€
Taco de bonito, antxoa del Cantábrico, guindillas, cebolla y aceituna. Maridado con txakoli. Lleva 5 guindillas en honor a los 5 Tours de Indurain, de ahí el nombre. Lo coronan un trozo de cebolla marinada, simulando el casco, y una aceituna. También se puede pedir: el “Completo y la “Plataforma”.
Bodega-Donostiarra
Calle del General Artetxe, 8BERGARA

Ajoarriero

Atiende: Monty
Precio: 3€
Bacalao desmigado con patata semicocida, un poco de ajo crudo, pimiento, tomate y langostino. Maridado con cava. Juan Mari Arzak lo recomienda allá por donde va. También se puede pedir: la “Txalupa” y la tortilla de antxoas.
Bergara-Monty
Calle de los Reyes Católicos, 10CASA VALLÉS

Tortilla de bacalao

Atiende: Antxon & Blas anaiak
Precio: 1,80€
Jugosa. Sabrosa. Explosión de sabor.Textura perfecta. Como suena. Maridado con un clarete. La gilda se inventó en el bar Casa Vallés. Aún y todo, la tortilla de bacalao es espectacular. También se puede pedir: la “Gilda” y la tosta de txipiron.
Vallés-tortilla-bacalao
Calle de San Marcial, 50ALUSTIZA

Gavilla

Atiende: Lorenzo
Precio: 1,70€
Un trozo de jamón serrano y otro de lomo de cerdo con queso, envuelto en un baño de bechamel, y con pan rallado frito. Maridado con un zurito. Este bar no es conocido como el Alustiza. Ni siquiera como el San Marcial. Es conocido como “el de las gavillas”. También se puede pedir: mini de jamón ibérico y cazuela de callos.
San-Marcial-Gavilla
Calle del Camino, 4LEGARDA

Pintxo de cebolla

Atiende: Fernando
Precio: 1,65€
Así se le hace llamar a la morcilla cocida. En su punto. Maridada con un zurito. Pese a que todo el mundo piensa que la morcilla la traen de Beasain, es de Hernani. También se puede pedir: chorizo cocido y tortilla de patata.
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Calle Mayor, 6PACO BUENO

Gamba gabardina

Atiende: Josean
Precio: 1,80€
Consiste en dos gambas rebozadas por barba. Maridado con un Marianito “preparado”. La receta de la gabardina es de la difunta amona. El truco está en un género de calidad. También se puede pedir: croquetas de bacalao (no siempre hay) y calamares.
Paco-Bueno-gamba-gabardina
Calle 31 de Agosto, 6LA CEPA

Pimiento relleno de carne

Atiende: Aitziber
Precio: 1,90€
Como suena. Pimiento relleno de carne y bechamel. Maridado con un crianza. Desde que en 1948 abriera sus puertas se ha convertido en una de las paradas obligadas del popular poteo. También se puede pedir: brocheta de solomillo y la gavilla.
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Calle 31 de Agosto, 22ORMAZABAL

Morros en salsa

Atiende: Joaquín
Precio: 3,50€
100% txahal Eusko Label. Suaves. La salsa fina como la seda. Maridado con un vino del año. En sus orígenes el Ormazabal generabas su propio gas/gaseosa conocido por todos: La Pitusa. También se puede pedir: croqueta de espinacas, carrilleras y merluza rellena.
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Calle San Jeronimo, 19GANBARA

Gamba y espárrago rebozado

Atiende: Amaiur
Precio: 3,40€
Materia prima de primera. El nombre completo del pintxo es gamba y espárrago blanco navarro rebozados con mahonesa y pimentón. Se reboza con harina YOLANDA, es decir, no hace falta huevo. Maridado con una copa de cava. El espárrago surge por accidente, al caer uno en la masa para los rebozados; se decide freír, y el resultado es un éxito rotundo. También se puede pedir: tartaleta de txangurro y pintxo de pan tostado con chatka y pimentón, acompañado de salmón y cebolla macerados en limón.
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Plaza de la Trinidad, 2TXULETA

Pintxo de txuleta con patatas fritas

Atiende: Jaime
Precio: 3€
3 tacos de txuleta y patatas. Maridado con vino del año. Si tienes antojo y no quieres una entera… Una maravilla. Además, el restaurante ha sido campeón dos veces consecutivas del concurso de parrilleros de SS Gastronomika. También se puede pedir: croquetas de txuleta, brocheta de pulpo y langostino con su refrito y la leche frita.
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lunes, 14 de abril de 2014

Igueldo en Barcelona

Igueldo

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O de un restaurante que es purita dinamita.

Jamada suculenta y perfectamente construida, sin pretensiones de astronauta

Lo tienen todo para triunfar en cualquier olimpiada de la jamada: maneras, oficio y gusto. Igueldo es un local con impronta vasca que está conquistando la ciudad condal, y no nos extraña un pelo, pues gastan un fondo de cocina pelotudo y un local fabuloso, coqueto y elegante donde uno se siente como el marajá de Kapurthala.
Gonzalo Galbete y Ana López de Lamadrid, chef y jefa de sala respectivamente del lugar, se conocieron hace unos cuantos años en los fogones del obispo Arzak donde comenzaban sus pinitos e hicieron buenas migas. Luego cada uno emprendió su camino sin imaginar que un día Barcelona se convertiría en la plaza en la que se materializarían parte de esos sueños e inquietudes que se labran con el tiempo y enormes dosis de currelo. Gonzalo, un navarro bien plantado, pasó por el Túbal de Tafalla y el Rodero de Pamplona donde se forjó de lo lindo durante tres años hasta que sus pasos le encaminaron a Santiago de Chile y un poco más tarde al Jean Luc Figueras. Ana, por su parte, se enamoró del vino, fue sumiller del Toc entre otras tareas, hasta que la idea de montar su propio restorán empezó a cuajar en su cabeza como un buen flan de caramelo. Dicho y hecho, Gonzalo y Ana bautizaron Igueldo a su criatura en ciernes, en homenaje a la abuela de la dama, que vivió en la casa Satrústegui del mismo barrio donostiarra.
Así es como esta antigua imprenta, por obra y arte del arquitecto Iván Pomés y la decoradora María Rosa Buxeres, se transformó en un local tope luminoso y perfectamente insonorizado, para que uno ponga todos sus sentidos en la conversación y en una jamada suculenta y perfectamente construida, sin pretensiones de astronauta, donde las brasas hablan a través de su lenguaje ardiente, cocina sin idioteces en definitiva, como el lugar que lo cobija.
Preparan menús diarios a precio de risa para lo que se oferta pero si quieren gozar como gochos ataquen a la carta que va sobrada de “dinamita”. Un abrebocas de lujo es el tártaro de pato o el de solomillo con yogur de cerveza, ambos con una mordida muy sabrosa. La terrina casera de foie gras, las alcachofas a la brasa y el carpaccio de lengua con vinagreta de setas son otros tres entrantes de campeonato.
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A Gonzalo le apasiona la casquería y eso se nota en sus propuestas, el plato de riñones, mollejas de lechazo y patitas es un canto a la glotonería pero cualquier víscera es tratada aquí con un gusto y refinamiento de aúpa.
Igual de bueno está el risotto de papada y trufa negra o el welsh rarebit que el muy canalla aprendió a hacer en el restorán St John de Londres y que cubre una tostada con fina anguila ahumada.
Nunca faltan anchoas del Cantábrico, croquetas y sopa de pescado caseras o unas alubias de Tolosa con su guarnición, la tierra tira y nobleza obliga.
Pescados de estupenda factura: lomo de bacalao con setas y tripa de bacalao, chipirones con jamón y cebolla guisada, merluza con almejas y refrito… y el timbre de gloria de la casa, una chuleta traída desde Oyarzun que acompañan con un bol de ensalada y piquillos por el que sus comensales se dan de tortas, churruscada por fuera y deliciosamente sangrante por dentro.
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Si pueden no dejen de probar el “farcellet” de rabo de buey al vino tinto y en temporada cualquier plato de caza, otra de las debilidades confesas del sheriff de la barraca.
Postres ligeros y refrescantes, como su particular versión del sorbete de limón, que son el remate perfecto. En asuntos de bebercio déjense aconsejar por Ana que sabe de esto un potosí y ha confeccionado una carta bien atractiva con apartados y títulos sugerentes y fuera de lo común.
En Igueldo noquean sin tregua porque su cocina y puesta en escena es eficaz como un gancho directo al páncreas y al pulmón.
Igueldo
Rosselló, 186
Barcelona
934522555
www.restauranteigueldo.com
COCINA Todos los públicos
AMBIENTE Modernito