martes, 26 de febrero de 2008

Alcachofa de Benicarló D.O.



Estas son unas imágenes de la Fiesta de la Alcachofa (Carxofa) celebrada el pasado mes de Enero de este año en Benicarló (Castellón)




Demostración Gastronómica
Un acto que despierta un gran interés entre las gentes de estas comarcas es la demostración gastronómica, en la que se muestran gran variedad de suculentas recetas en las que su principal ingrediente es sin duda la alcachofa. En este acto participaron más de 8.000 personas que pos solo 3 € pudieron disfrutar de la degustación de diversos platos que mostraban los más de 20 expositores. Como curiosidad comentar el caramelo de alcachofa de los alumnos del IES Joan Coromines.






Todos los años, en enero, se celebra la fiesta de la alcachofa, que está formada por diversos actos lúdicos y socioculturales, así como jornadas de estudio técnicas y profesionales. La cena de gala es el acto oficial que inagura la fiesta de la alcachofa. La demostración gastronómica junto con la "torrá" son los actos con más participación, pero por la gran aceptación de esta fiesta todos los actos son multitudinarios.




"Torrá" popular
El acto más popular de todos es sin duda la "Torrá" que consiste en hacer las alcachofas a la brasa. Hay que destacar la colaboración de muchos labradores que voluntariamente preparan todo lo necesario para el acto y así poder atender las largas colas que se forman para poder degustar estas alcachofas a la brasa.











Historia y antigüedad del cultivo de la alcachofa en la población de Benicarló.


Benicarló es una antigua población que tiene sus orígenes (refrendados arqueológicamente) en la época pre-ibérica e ibérica plena, con abundantes e importantes testimonios materiales procedentes de los yacimientos ibéricos de La Tossa y de El Puig de la Nau, ambos situados dentro del término municipal de esta ciudad. Transcurrido el largo período de la romanización y también el de la oscura etapa visigótica, se asentaron aquí los árabes con posterioridad al año 711 de nuestra era, prolongándose su presencia a lo largo de más de 500 años, notable espacio de tiempo éste, durante el cual se islamizó la vida, costumbres, actividades laborales, prácticas religiosas y en general la cultura de los habitantes de aquella pujante alquería de nombres Benigazlún y Benigazló, de la que Jaubert de Passa dijo: "Benigazló vio trocarse sus sedientos campos en una magnífica y rica huerta, y su suelo estéril se convirtió en vasto jardín". Sobre este nombre de Benigazlún, que es la más antigua denominación documentada (S. XIII) de Benicarló, es de opinión generalizada entre los historiadores que proviene del árabe Beni-Gazlún, a sea descendientes de los Gazlún, un grupo berebere asentado por estas tierras del norte de Castellón y sur de Teruel, que decidió instalarse asimismo aquí dando origen a la alquería benicarlanda.

Realmente son muchos 500 años de ocupación y de influencia de una cultura sobre un territorio para que no se consoliden en él importantes aspectos de aquélla. Algunos de estos aspectos dejaron aquí profunda huella, hasta el punto que todavía perduran y se pueden encontrar con facilidad en la práctica agrícola de nuestros pueblos, especialmente en cultivos hortícolas y en todo lo relacionado con los métodos y técnicas de extracción, almacenamiento y conducción de aguas para el riego. Nombres como sènia (ár. saniia), caduf (kaduz), aljub (al-gubb), safareig (saharaig), alquería (al-kariia), almàssera (al-ma'sara), etc., y otros relacionados con productos de la huerta como albergínia (al-badingana), bacora (bakora), albercoc (al-barkok), carxofa (xorsofa), safanòria (isfanariia), garrofa (xarroba), safrà (za'faran), síndria (sandia), y un larguísimo etc., tienen todavía plena vigencia lo mismo en su cultivo como en la denominación popular de los mismos entre la gente de nuestros pueblos. Quiero significar con todo ello que estos cultivos mencionados entre los que figura la alcachofa, y otros más a los que no se hace referencia, ya eran practicados por nuestros antepasados durante la presencia de los árabes en este lugar; de ahí la antigua tradición del hortelano benicarlando en producir, siquiera para el consumo familiar y para el de los animales domésticos, alcachofas, zanahorias, sandías, azafrán, algarrobas, alfalfa, etc.



Ahora unas recetas a base del producto:










Arroz con setas y alcachofas de Benicarló



Ingredientes (para 2 personas)6 corazones de alcachofas partidos por la mitad, 150 gr de setas variadas (rovellones, "ceps", setas de cardo, champiñones), 250 gr de arroz, 1 cebolla.Para el caldo:1 muslo de pollo y verduras (puerro, cebolla, zanahoria, apio, pimiento).Para la picada:1 tomate rallado, 2 ajos, 2 ramitas de perejil.PreparaciónPoner agua a hervir y agregar las verduras y el muslo de pollo. Hervir durante una hora. · Setas: Picar la cebolla finamente y sofreír. Cuando esté pochada añadir las setas cortadas y bien lavadas. · Arroz: En el paellero sofreír las alcachofas, luego el arroz y agregar la picada. Añadir las setas, el caldo y rectificar de sal.












Mar y montaña de rape, carne de vieiras, alcachofas de Benicarló y baquetas (Caracoles de monte)



Ingredientes1 rape mediano, la carne de 6/8 vieiras, 6 langostinos, 1kg de alcachofas, puerro, caracoles de monte, aceite, sal, una ramita de romero y harina.PreparaciónLimpiamos el rape y retiramos la espina, limpiamos las alcachofas, los langostinos, las vieiras, el puerro etc. · Ponemos a cocer los caracoles de monte junto con la ramita de romero y reservamos · Preparamos un sofrito con los ingredientes finamente picados y con un poco de bechamel a la que habremos añadido un poco de caldo de los caracoles. Con esta mezcla rellenamos el rape y lo atamos bien, lo ponemos al horno 15 minutos · Dejamos enfriar, lo cortamos en medallones y lo adornamos con los caracoles y de base una salsa americana.












Alcachofa de Benicarló con almíbar y chocolate a la menta


IngredientesAlcachofas, agua, azúcar, chocolate para fundir y leche.PreparaciónPoner a hervir en agua los corazones de la alcachofa, a mitad de cocción añadir azúcar al gusto y cocer al dente · Aparte habremos diluido el chocolate al baño maría con un poco de leche. Una vez diluido rociaremos los corazones de la alcachofa con el chocolate.













lunes, 3 de diciembre de 2007

Capítulo 24-Cena en Casa Nicolasa 30-11-2007





CLUB GASTRONOMICO
“MAR CANTÁBRICO”

Capítulo 24º -30.11.2007



Cena en Casa Nicolasa

Cena en el restaurante que regenta José Juan Castillo en la donostiarra calle Aldamar.

Cocina tradicional con toques de modernidad basada en la calidad.
Entre otros manjares degustamos los siguientes:

Entrantes:
-Ensalada de bogavante
-Huevos al plato con foie
-Delicias de verduras
-Cardos y alcachofas
-Sopa de gallina con tapioca

Continuamos con:
-Mero
-Kokotxas de merluza
-Salteado de foie con peras y su compota
-Lomo de ciervo

Y como postre entre otras cosas:
-Arroz con leche
-Torrijas
-Crema frita
- ......

En cuanto a vinos degustamos un Glorioso Reserva 2001 de Bodegas Palacios de Laguardia(Alava)


Se acuerda celebrar el próximo capítulo en el Restaurante Kokotxa de la Parte Vieja donostiarra galardonado con su 1ª estrella Michelín en la Guia del 2008.


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BIOGRAFIA DE JOSE JUAN CASTILLO

Nací en Bermeo (Vizcaya), en 1945, donde mis padres José y Vicenta regentaban el casino de Bermeo.De Bermeo pasaron a Ordizia (Guipúzcoa) donde tuvieron un restaurante. Allí estudié el parvulario en los frailes y luego fui internado en los Escolapios de Pamplona donde hice el bachillerato, sobresaliendo en los temas de historia.En 1957 mi padre inauguró el Hotel Castillo en Olaberría.Mi vida profesional comenzó a los 16 años, cuando mi padre me mandó a Paris al Restaurante Helder con M. Marcoux y a la Torre D'Argent con M. Terrail, donde estuve dos años. De París fui a Madrid, al Restaurante Jokey con el Sr. Cortés y de jefe de cocina con el Sr. Francisco González, hasta que fui al servicio militar.


En época de vacaciones de estos establecimientos y entre traslados trabajé con mi padre. En el servicio militar estuve de cocinero con el Gobernador Militar. Concluida la mili pasé a trabajar a casa con mi padre, aunque estuve de barman en la Cafetería Manila de Madrid durante cuatro meses aprendiendo la barra.Con veinticuatro años fui jefe de cocina en el Hotel Miramar de Deba y en 1969 me casé con Ana María Ezcay. Allí estuve hasta que en 1986 adquirimos el Restaurante Casa Nicolasa de San Sebastián, donde nos trasladamos y lo regento desde entonces. En 1992 también regenté con mi buen amigo Genaro Pildain el restaurante del pabellón de Euskadi en la Exposición Universal de Sevilla, donde recibimos el premio al segundo mejor restaurante después de Francia, mejor español.He sido componente del grupo de cocineros de la Nueva Cocina Vasca y en mi vida profesional he acudido a simposios de cocineros, clases y he hecho estages en varios restaurantes. He preparado comidas en distintos establecimientos, con mis amigos de la Nueva Cocina Vasca y, a nivel personal, como la comida a la Reina Doña Sofía en el Palacio de Ayete.Durante todos estos años de faceta profesional tengo el honor y previlegio de ser miembro de distintas asociaciones, como: CHAINE ROTISEUR, CORDON BLEU, MAESTRO ASADOR, MESTRE DEL CAVA, COFRADE DEL QUESO DE IDIAZABAL, COFRADE DEL VIN DE BORDEAUX, COFRADE DEL VINO DE RIOJA, COFRADE DE LA MORCILLA DE BEASAIN, COFRADE DE LA SOCIEDAD GASTRONOMICA,...Actualmente me encuentro grabando una serie de programas de cocina en los que ya he grabado más de 1000:·Teledonosti, Telesevilla, Canal cocina de via digital....Mis hobbies a parte de la cocina son la lectura, sobre todo de Historia, y el ciclismo del que soy un gran apasionado.


HISTORIA DE CASA NICOLASANicolasa Pradera, nacida e Marquina (Vizcaya) fue la fundadora de este restaurante en 1912, cocinera entre 1890 y 1912 del palacio de Londaur y de la familia Gaytan de Ayala.

Se animó y puso un sencillo comedor en estos mismos locales, lo regentó hasta 1930, en que lo compró María Urrestarazu. El acuerdo entre las dos ilustres etxekoandres Nicolasa y María, se cerró con la compra de Casa Nicolasa por 40.000 pesetas.

María toma posesión del restaurante en Noviembre de 1930. El establecimiento comprende el primer piso actual, donde se incluía una pequeña cocina, una reconocida donde comían los íntimos, un pequeño comedor donde había un piano y una sala grande, en 1934 cuando dejó Nicolasa Pradera el segundo piso, María lo toma y efectúa las primeras reformas subiendo las cocinas arriba.

En Febrero de 1952 María deja de existir, sin hijos, el restaurante pasa a manos de Pepita Fernández de Urrestarazu y Paco Urrestarazu, su sobrino, que venían trabajando a su sombra desde hacía muchos años, ambos compartieron la dirección hasta 1972 en que falleció Paco.

Pepita casada con un hermano de María trabaja en Nicolasa desde 1940 hasta 1986 en que lo compra José Juan Castillo, también de la familia de tradición hostelera y acual chef del restaurante.

Por Nicolasa desde 1912 han pasado prácticamente todo el mundo político, financiero y cultural de Donostia-San Sebastián salpicado de infinidad de anécdotas y curiosidades.





martes, 27 de noviembre de 2007

El firmamento según la Guia Michelín



Estos son los 6 magníficos en nuestro país que la prestigiosa Guía Michelín califica con *** 3 estrellas, tres vascos y tres catalanes: El Bulli(Ferrán Adriá), Racó de Can Fabes(Santi Santamaría), Sant Pau(Carme Ruscalleda), Arzak(Juan Mari y Elena Arzak), Martín Berasategui(Martín Berasategui) y Akelarre(Pedro Subijana)



















A continuación transcribo un artículo aparecido en el suplemento de el Diario El País (El País Semanal) del pasado 25 de Noviembre


18
ESTRELLAS
PARA
Tres en Cataluña y tres en el País Vasco.



Seis cocineros españoles han logrado la máxima distinción en la 'Guía Michelin'. De la Cala Montjoi, en Girona, a las faldas del monte Igueldo, en San Sebastián, esto es un sabroso recorrido por la vanguardia de la cocina mundial.



SEIS FOGONES

Por John Carlin. Fotografía de Caterína Barjau



Es una lástima", reflexionó mi compañero de mesa mientras sorbía una cucharada de jamón líquido. "Me dan pena todos los demás cocineros".
Estábamos en El Bulli, en medio de los 40 platos del menú de degustación. Mi amigo representó a la Universidad de Oxford, hace unos 30 años, en el concurso anual de cata ciega contra Cambridge. Tiene una bodega personal con miles de botellas de primera categoría, es un estupendo cocinero aficionado y ha comido en más de 20 restaurantes con tres estrellas Michelin, la mayoría en Francia. Pero ninguno como el restaurante de Ferran Adriá, que hasta los franceses consideran el mejor del mundo. "En 500 años de cocina, a nadie se le había ocurrido algo así", dijo, mientras picaba de un lámina de papel con flores silvestres incrustadas. "Mi predicción es que nunca van a alcanzarle". A mí me costaría distinguir entre un borgoña y un burdeos, y puedo hablar de temas gastronómicos con poca más autoridad que de las perspectivas de vida en Marte. Sin embargo, tras una larga degustación de tres semanas en la que he visitado los seis mejores restaurantes de España o, al menos, los que Michelin ha ungido con sus tres estrellas-, empiezo a ponerme a la altura de mi amigo. Así pues, con la experiencia -si no el conocimiento- que este periplo me otorga, he aquí tres conclusiones previas.
Primera: mi amigo se equivoca al sentir lástima por los demás grandes cocineros del mundo. Los otros cinco que he conocido están entre los habitantes más afortunados de la Tierra: tienen talento, aman su trabajo y se ganan lavida muy bien. Segunda: la cocina española contemporánea simboliza el gran salto cualitativo que ha dado el país en poco más de una generación, de la carestía rural a la riqueza enla edad de la alta tecnología. Tercera: mi amigo tiene razón. Adriá es de otro planeta.



El chef más venerable de España, el primero que obtuvo las tres estrellas, está de acuerdo. A Juan Mari Arzak, cuyo restaurante fue la penúltima parada en mi degustatlón de seis partes, se le ha tachado de competitivo, pero no mostró una pizca de envidia ni de duda al declarar: "Ferran es el cocinero más imaginativo de la historia, y el más imaginativo que habrá jamás".




EL BULLÍ
Cala Montjoi, Roses (Girona) Michelin mata dos pájaros de un tiro. Cuando uno se compra la guía de restaurantes, no tiene más remedio que comprar el mapa de carreteras. Habrá quien ponga en duda el derecho de El Bullí a estar considerado como el mejor de los mejores restaurantes del mundo, pero de lo que no cabe duda es de que es el más inaccesible. A dos horas y media al norte de Barcelona, en la punta noreste de España, los últimos veinte minutos de peregrinación consisten en una tortuosa y estrecha carretera de montaña pensada más para las ovejas que para el automóvil.
Al llegar de noche, sorprende ver media docena de vehículos (un Porsche, un Mercedes, un Jaguar) en el aparcamiento. Los conductores de estos coches habrán esperado en algunos casos dos años para conseguir mesa. Pero entonces, ¿no piensan beber? Porque uno no puede consumir alcohol si es que luego pretende volver por el enrevesado camino de una sola pieza. Y, sin embargo,hay que beber, porque sería delito no hacerlo. O, al menos, eso es lo que opina mi catador de Oxford, al examinar la lista de vinos,de 147 páginas, con 1.618 nombres procedentes de 15 países (sin excluir Canadá), con la devoción de un obispo al que se le enseñaran los evangelios de San Lucas -en el original arameo-. "Pero... pero", balbucea, "¡algunos de estos vinos están por debajo delprecio de mercado! Los franceses cuestan la mitad que en un restaurante francés equivalente...". "Sí", explica el sumiller. "Nuestra filosofía es que la posibilidad de disfrutar de estos vinos debe estar al alcance de todo elmundo". ;El balanceo del cerebro en la subida hace que uno cruce el umbral del restaurante en un ligero estado hipnótico, acentuado en el momento de toparse con los empleados,cuyo aire crea la impresión de haber entrado en un castillo mágico, suspendido en el tiempo y el espacio. Vestidos en tonos grises y negros (recuerdan al doctor No en su isla), sin mostrar ni una rigidez intimidatoria ni una fa- miliaridad irritante, han logrado un tono colectivo de perfección. Hasta el punto de tener al día al cliente, si lo desea, sobre el partido que esté jugando el Barça. Eso sí, imparten la información como presentan sus platos de vanguardia, sin apasionamiento, como si se hubieran deconstruido del mismo modo quela cocina de Adriá y se hubieran transformado en entes no totalmente humanos, androides perfectos, guapos, suaves y esbeltos. Quizá es una ilusión óptica debida al gin fizz que le sirven a uno nada más sentarse en la terraza exterior, sobre la bahía, un minuto y 42 segundos después de entrar por la puerta; un gin fizz servido en una huevera en forma de espuma blanca y consumido con cuchara. El Bullí ofrece arte de performance y arte plástica (cada plato es un cuadro), y ciencia experimental, y rigor germánico, y -para el comensal- unas posibilidades infinitamente pretenciosas de acrobacia mental. Lo que no sirve, en ningún sentido cotidiano y reconocible de la palabra, es comida. Es una secuencia de experiencias que se capturan a través de la boca, pero también de los ojos, los oídos o el tacto. Casi todas las muestras se ingieren, de acuerdo con las instrucciones de los camareros, de un solo trago (40 platos, 40 cucharadas), por miedo a ensuciarse todo. Las aceitunas esferificadas son especialmente peligrosas. Si uno las mordisqueara como si fueran aceitunas naturales, el traje se echaría a perder. Son tan delicadas y suaves como unos huevos de codorniz pelados; consisten en una fina bola verde de membrana, rellena de esencia concentrada de aceituna licuada. El jamón líquido es tan transparente como el agua y tan sabroso como el original ibérico, y el plato de liebre es incluso más caprichoso en cuanto a su contradictoria invención: la liebre no es el guiso principal en el plato la guarnición de manzana ocupa más. La carne es una salsa marrón que conserva el aroma y la riqueza del original, pero que no da ningún trabajo a las mandíbulas. Tampoco lo dan las flores de horchata de chufa, el yogur de ostra ni el aire congelado de parmesano con muesli. Es un cruce entre la dieta de los astronautas y el doctor Seuss.
Es de suponer que, después de que los comensales se vayan, los camareros, el sumiller y el maítre recuperarán la normalidad, como Cenicienta después del baile -o como Adriá, que es a la España del siglo XXI lo que Picasso fue a la del XX-. Sin embargo, si Almodóvar buscara a un extra para una escena en un pequeño y oscuro bar de La Mancha, nadie cubriría el papel con más autenticidad que este catalán. La primera impresión, cuando abre la boca, es que le cuesta hablar, no sabe qué decir. Confunde las palabras y, aparentemente, la gramática. Hasta que uno se da cuenta de lo que pasa: las ideas le salen a borbotones, antes de que la lengua y los músculos de la garganta sean capaces de procesarlas. Pero lo importante son los ojos, unos ojos permanentemente abiertos, alertas, curiosos, que devoran todo lo que ven y procesan una información que, llegado el momento, transformará, mediante un proceso inescrutable de ingeniería y alquimia, en uno de los platos que crea en su laboratorio de Barcelona durante los meses de invierno. Los sonidos que emite, traducidos en palabras, dicen: "Aquí hemos creado un nuevo lenguaje. Esto no es comer. Esto es comer arte. Es una orquesta y un ballet. Es magia, con emoción y con pragmatismo". Es también una variedad propia de una jungla tropical. El 90% de lo que comemos es verdura o fruta, con una hoja de marisco o un chorro de carne líquida como guarnición. Los sabores y las texturas, siempre sorprendentes, van de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo.
Mientras bajamos de vuelta a nuestro hotel (en un taxi) a las tres y cuarto de la madrugada, seis horas después de llegar, el maniático del vino de Oxford y yo pensamos que no tenemos los estómagos llenos, pero nuestros cerebros, en cambio, sufren una indigesta sobrecarga. Llevamos toda la noche tratando, por turnos, de encontrar las palabras para describir lo que hemos visto y vivido, como si Adriá nos hubiera retado a ser ingeniosos: "Dalí desatado en una cocina": "la ironía catalana en un plato": "iconoclasta pero disciplinado": "el estandarte de la nueva España"... hasta que caemos rendidos.




AKELARRE
San Sebastián
El bigote decimonónico de Pedro Subijana cuadra con la imagen cinematográfica que uno tiene de los grandes cocineros franceses de toda la vida, pero el donostiarra es también algo mucho más contemporáneo: un hombre-empresa. Como lo es Adriá y como lo son, en mayor o menor medida, todos los grandes cocineros de hoy. Subijana hace libros, asesora y da conferencias, y ahora está construyendo al lado de su restaurante un hotel de lujo de 21 habitaciones que promete ser espectacular: tan luminoso como el propio restaurante, y con una impresionante vista del mar Cantábrico. San Sebastián tiene la mayor proporción de estrellas Michelín por habitante del mundo, pero se ha quedado un poco atrás en estrellas para los hoteles. Subijana prevé tener cinco en el suyo. La idea es prestar la misma atención minuciosa y detallada al diseño del hotel que a su cocina, en la que se detecta la influencia de Adriá, pero también la de la antigua tradición vasca.
Eso significa que su comida es atrevida y juguetona, pero que también hay que recurrir, a veces, al tradicional sistema de cuchillo y tenedor. El primer plato (de un total de nueve) llega presentado dentro de lo que parece una caja de bombones, que contiene, ordenadas en fila, ocho delicias sólo para adultos. Albahaca, por ejemplo, en forma de un caramelo verde, hueco y quebradizo. Luego, una ostra dentro de una falsa concha comestible, hecha de grasa de cerdo y pan negro, y acompañada de un original y encantador vino blanco de Málaga, llamado Cálvente, que es al mismo tiempo dulce como el moscatel y seco como un sauvignon blanc. Las perlas de foie están deliciosas, igual que el salmonete, con las espinas pulverizadas y espolvoreadas con aceite de oliva sobre las escamas, lo cual acentúa la intensidad del pescado. Pero sigue teniendo el aspecto reconocible de un pez, igual que el pedazo cilindrico de carne que sigue perfectamente tierna, a pesar de que está envuelto en una especie de hoja de cobre que resulta estar hecha de patata. El postre es ravioli de melocotón, pina y plátano en salsa de manzana.
Subijana, cuyo carácter queda reflejado en su exuberante bigote, dice que siempre ha sido un "fantasioso". "Pero detesto la actitud de la gente que trabaja en plan de 'Bueno, da igual... ¿qué más da?'. Si no se es paciente y concienzudo, el talento y la imaginación no sirven de nada". Subijana ha sido el último de los seis españoles en recibir las tres estrellas. Confiesa que él y la mitad de los que trabajan en la cocina lloraron cuando les dieron la noticia hace un año. ¿Pero cómo se las arreglan para no derrumbarse con la tensión de mantener ese nivel de tres estrellas en la meticulosidad de la comida, los ritmos sinfónicos entre cocina y comedor, las maneras de los camareros, los conocimientos enciclopédicos del sumiller, el esmero permanente en la limpieza sin mácula de cada copa, en cada mesa y cada plato, todos los días? "No, no... ¡es que ese detalle y ese estrés son necesarios! Así evitas caer en lo mecánico, ique es lo peor que te puede pasar!".
¿Su apetito por la tensión es el motivo por el que, a punto de cumplir 60 años, ha decidido embarcarse en el proyecto del hotel? "Mí familia me pregunta eso mismo", se ríe. "Me preguntan por qué me meto en líos. Les respondo que. cuando me muera, me moriré. Mientras tanto, a los líos!".






RACÓ DE CAN FABES
Sant Celoni (Barcelona)
Santi Santamaría ofrece calidad en más abundancia que cualquiera de sus grandes rivales españoles, empezando por el hecho de que no tiene tres, sino seis estrellas Michelin. Tres en Racó de Can Fabes; dos en su restaurante de Madrid, Sant Celoni, y una en Barcelona, en el restaurante Evo, en lo alto del nuevo hotel Hesperia. Santamaría tiene a gala, además, poner más comida en el plato que los demás. Y se le ve: en cuestión de dimensiones físicas, es el más grande de los seis, más cerca que los otros del estereotipo del cocinero epicúreo y barrigudo.
Comienza su menú de degustación con una delicada fila de pinchitos. Pero cuando el menú dice melón con jamón, eso es lo que hay. Un pedazo de algo que es claramente melón cubierto por una tira carnosa rojiblanca. Uno pide calamares y le dan una criatura marina completa, de color blanco con tentáculos, exactamente como salida del mar, salvo que la carne chiclosa ha sido transformada en la perfección al dente."La buena comida está para defecarla", fue el grito de guerra de Santamaría, su manifiesto, en una polémica conferencia que pronunció en el congreso de gastronomía Madrid Fusión en enero. Estaba siendo deliberadamente provocador, burlándose de lo que considera los excesos antinaturales de alta tecnología en la llamada revolución culinaria española. Santamaría se ha situado como en el polo opuesto de Adriá en España. Está más en línea con la escuela francesa tradicional -las siete clases distintas de pan que ofrece son todas caseras- y se enorgullece de hacer platos auténticamente catalanes con los mejores productos locales. Adriá, que en su restaurante desprecia el pan, y sólo lo sirve cuando alguien se lo pide, busca su inspiración y sus materias primas en todo el mundo. Una de las consecuencias de tanta originalidad es que, mientras que el jamón de Santamaría se defeca, el de Adriá se orina.
"Un restaurante no es un sitio para llevar a cabo experimentos", opina Santamaría mientras come, en la misma mesa que yo, un trozo normal, cuadrado, de queso amarillo con pan. "Claro que es una experiencia cerebral, pero lo fundamental es descubrir el placer de manera relajada y sensual. Si uno pide carne, hay que servirle carne, ¡no aroma de carne!". No es un seguidor de la revolución que ha encabezado Adriá. "Nuestra sociedad está demasiado americanizada, demasiado obsesionada con valorar la novedad por la novedad. Ahora hemos reinventado al cocinero como científico, artista, actor, lo que sea. ¡Bah!".
En su ansia de lo que llama, con orgullo, autenticidad, ha instalado su restaurante en la misma casa en la que nació. La elección de local es, en cierto modo, tan perversa como la de El Bullí. Racó de Can Fabes está a 45 minutos o más de Barcelona, en un oscuro rincón de Sant Celoni, un pueblo como miles de otros en España y un lugar cuyos encantos son visibles, sobre todo, para los santceloneses."Es una locura estar en este lugar", sonríe Santamaría, "pero es donde nací, y me llena de satisfacción y alegría que la gente se moleste en venir hasta aquí en busca de unos momentos de placer; en una época en la que estamos tan saturados de objetos que la gente viene en busca de ricos momentos como los que nos esmeramos por proporcionar".







MARTÍN BERASATEGUI
Lasarte (Guipúzcoa)
Lasarte tampoco es de lo más moderno; estos grandes cocineros parecen tener un puntito de sentimentalismo. Martín Berasategui ha situado su restaurante en un pueblo no muy elegante, a las afueras de la ciudad más elegante de España, porque resulta que su mujer. Oneka, es de allí. Él la adora y la valora por igual, y le atribuye "al menos" el 50% del éxito (ella dirige el comedor, y él, la cocina) de su restaurante. Berasategui tiene unos ojos juveniles y curiosos, y un franco entusiasmo al hablar que le hace parecer la mitad de los 47 años que tiene. Sin embargo, dirige un negocio que da trabajo a 500 personas (otros tres establecimientos, una editorial y una línea de vajilla y cubertería), y su restaurante, cuyas altas ventanas dominan una colina de color verde profundo, es tan sereno y espacioso como la sala de juntas de un banco londinense.
¿Cómo lo hace, cuando conservar esas tres estrellas es, ya en sí, un implacable reto diario? "En parte, es que soy tremendamente trabajador, hasta unos extremos de locura," confiesa, sonriente. "Me acuesto a la una de la madrugada, me levanto a las seis y media, estoy en la cocina a las nueve y allí me quedo hasta la noche, menos una pausa que hago entre cinco y siete de la tarde. Y no me provoca ninguna tensión. Ninguna. Lo principal es que cuento con un equipo fantástico, una familia perfecta, tanto en el restaurante como en la empresa en general. Yo me concentro en mi cocina, y eso no me cuesta nada".
Su base es tradicional, la que aprendió de su padre, carnicero, y de su madre y su tía, que dirigían un restaurante del que aún es el dueño en el centro de San Sebastián, el Bodegón Alejandro. "No pongo límite a mi creatividad, pero las raíces de mi cocina son vascas. Si viene un japonés, quiero que vea y sienta lo que es eso, del mismo modo que, cuando voy a Japón, quiero ver y sentir comida claramente japonesa".
Sin embargo, Berasategui, un hombre de figura ágil, está más próximo a la escuela de metamorfosis de Adriá que al nada de bobadas de Santamaría. En el menú de 15 platos abundan los aromas y escasean los defecables, con mucha espuma e infusión (berberechos líquidos, por ejemplo) y "un aire a jengibre". Sus pequeñas porciones de marisco y carne parecen lo que son, pero, pese a conservar todo su sabor, dan la impresión de que se les ha eliminado toda la grasa y el colesterol. La presentación es exquisita, sobre todo en uno de sus platos más característicos, creado por primera vez en 2002: la ensalada tibia. En el plato parece una exuberante isla tropical, con pequeñas hojas y flores de color naranja, rosa, amarillo, morado y una docena de tonos de verde, sobre un mar de lo que el menú llama zumo yodado, un líquido gelatinoso que lubrifica la ensalada como hace normalmente el aceite de oliva, sólo que de sabor más fresco. La economía del plato es tan extraordinaria como su aspecto, porque el contenido en calorías es prácticamente nulo y, sin embargo, la sensación al acabar es de que uno ha agotado todas la posibilidades que una ensalada es capaz de ofrecer.
"Hace seis años empecé a hablar con farmacólogos y dietistas y les presté mucha atención", explica Berasategui. "Lo que pretendo hacer es obtener las máximas posibilidades de combinar el sabor con la comida sana. Me gusta cocinar así. No quiero que alguien venga a mi restaurante a disfrutar durante dos horas y luego tenga que sufrir durante 14".







ARZAK
San Sebastián
Juan Mari Arzak y Ferran Adriá son grandes amigos. Acaban de pasar dos semanas juntos en un barco en el Caribe. Pero sus dos restaurantes no pueden ser más distintos. Al entrar en Arzak, el primer restaurante español con tres estrellas Michelin, uno siente que está entrando en una casa de familia. Y en realidad es así. Juan Mari Arzak nació aquí, igual que sus padres. Su hija y heredera, Elena, encantadora y sin pretensiones, es su mano derecha en la cocina. El Bulli se siente como un lugar remoto y los empleados tienen un aire anónimo que induce al trance, mientras que en Arzak, todos se mueven y actúan como si fueran primos, tíos, hermanos, abuelos, sobrinos los unos de los otros. Los camareros de Adriá parecen sacados de una película de ciencia-ficción; los de Arzak, del Decamerón de Bocaccio en versión de Pier Paolo Pasolini: carnales y campechanos.
La comida está deliciosa, la mezcla ideal de innovación etérea y tradición trabajada. Higos asados con aceite de hígado, langosta con aceite de oliva blanca, cordero con té verde ahumado. Un sueño. La combinación de lo viejo y lo nuevo se pone de manifiesto cuando uno entra en las profundidades de la laberíntica casa de Arzak. Por un lado, una bodega que envidiaría la mayoría de los grandes restaurantes franceses: 80.000 botellas, 2.600 vinos diferentes; por otro, un laboratorio para experimentos en el que el lugar de honor lo ocupa un gran cachivache de metal llamado liofilizador, capaz de convertir un pedazo de merluza en polvo. Es una máquina, explica uno de los jóvenes técnicos de Arzak, que congela en seco (y no sólo la merluza, sino todo), que deshidrata pero conserva todas las sales, los minerales y los nutrientes de los alimentos. Hace casi cuatro años que tienen el aparato, y se ha convertido en un elemento esencial de la producción del restaurante.
Una mujer alemana llamada Ulla estaba comiendo a solas en la mesa al lado de la mía. Se inclinó y, eufórica, me dijo: "Es la mejor comida que he probado jamás, ¡ El detalle, la presentación, el ambiente, el servicio que da con el tono justo, nada pretencioso, falso ni forzado! Y la disciplina militar que sabes que está detrás, ¡el ritmo! Pero, sobre todo, ¡la comida! Está tan rica que me dan ganas de llorar". Ulla sabe de lo que habla. Tiene cuarenta y pico años y dejó hace dos su trabajo en Hewlett-Packard para dedicarse a su pasión, la cocina. Hizo un curso de gastronomía en París y ahora trabaja en un restaurante próximo a Burdeos que tiene dos estrellas Michelin desde hace 30 años. ¿Qué representa esa estrella de diferencia? "¡Ah!", dice, casi con desdén, "allí tenemos grandes platos llenos de comida. ¡Esto es arte!".
A Arzak le habría encantado oír eso. Como le habría encantado oír a otro comensal que, después de devorar 14 de sus mejores platos, dijo: "Me siento deleitado, pero nada inflado". "Hay personas que ahorran para venir a comer aquí. Llegan tan llenos de expectativas que no podemos decepcionarles", explica el patriarca de la cocina española, que tiene 65 años. pero que, lejos de dormirse en los laureles, comparte con Berasategui el mismo aire de entusiasmo permanente de niño travieso. "El mayor elogio que puede hacerme una persona es decir que hemos superado sus expectativas".
¿Tiene planes de jubilarse? "Existe un proverbio chino que dice: 'Si tu trabajo es tu pasión, no es trabajo'. Ése es el sentimiento que he tenido siempre y sigo teniendo. Pretendo seguir adelante. Sólo me jubilaré cuando mi hija Elena me diga que empiezo a ser un estorbo".




"EN OTROS PAÍSES ENVIDIAN LO BIEN QUE NOS LLEVAMOS. NOS ESTIMULAMOS UNOS A OTROS"








SANT PAU
Sant Pol de Mar (Barcelona) La tentación es pensar que el toque femenino es lo que explica el aspecto filigranesco de las pequeñas obras de arte que presenta Carme Ruscalleda. Cada uno de los platos que comí en los seis restaurantes era una fiesta para los ojos. Santamaría era más Goya; Adriá, Miró. Pero los de Ruscalleda parecen tener una simetría un punto más delicada. Atacar su comida con una cuchara o un tenedor sería un acto vandálico, casi psicópata, como acuchillar una acuarela de Monet.
Tocar, mucho menos comer, la ensalada de cigalas debería estar directamente prohibido. La "ensalada" (eso es lo que pone el menú) llega en una pequeña caja transparente de gelatina endurecida, del tamaño justo como para que quepa una pelota de golf. Dentro de la caja, condensados y variados al mismo tiempo, están los sabores del mar y el huerto mediterráneos: cigalas, aceitunas, albahaca, vinagre de cava.
El plato de rape con champiñones es una especie de miniatura japonesa. Los cinco quesos del final consisten, cada uno de ellos, en una fina loncha acompañada de un dulce diminuto, exquisitamente hecho -higo glacé o brioche de miel-, pensado y seleccionado para resaltar los sabores característicos de cada uno de los quesos.
Aquí cuenta mucho el escenario. El comedor está sobre la cocina, con vistas a un jardín arbolado típicamente mediterráneo, las vías del tren y, más allá, el mar. Mientras tomamos café y "divertimentos de pastisseria" en el jardín, de donde dice que extrae su considerable energía, Ruscalleda describe su comida como "arte para ser devorado". ¿Por qué no sólo para comer? "Esta comida debe provocar la voracidad. Sería una pena que la gente se fuera diciendo: 'No era más que comida".
Tiene 54 años, pero parece más joven. El cabello, teñido de negro y con corte punk; es alta y delgada, con la espalda tan tiesa como la de un coronel. No porque no coma, me da la impresión, sino porque rebosa tensión creativa, y eso quema calorías. Es importante en España y es importante en Japón, donde también tiene un restaurante: en Tokio, una megalópolis ruidosa y lo más alejada que se pueda pensar de la tranquila Sant Pol, donde Ruscalleda nació. En los últimos años, ella y los demás grandes cocineros se han convertido, le propongo, en estrellas pop, los David Beckham de la cocina. No le desagrada la comparación. "¡Es estupendo! Cuando empecé a dedicarme a esto, la gente me compadecía. Pensaban que estaba sumiéndome en un gran agujero negro. Ahora ven lo que hago y les parece una felicidad, una suerte. Es el mismo trabajo, pero ahora parece un mundo de dinamismo y color".
¿Y cómo se lleva con los chicotes, con las otras estrellas Michelin? "Estupendamente. Creo que la gente de otros países envidia lo bien que nos llevamos cuando nos ve en los grandes acontecimientos. Nos comprendemos y nos estimulamos unos a otros".
Lo que les une, independientemente de sus estilos y de lo que Santamaría llama sus "ideologías", es lo que une a cualquiera que alcanza la cima en lo que hace, sean violinistas, escritores, futbolistas o cocineros: un talento natural sumado a una feroz capacidad de trabajo y rigor. Son personas con un tremendo empuje individual pero que, al mismo tiempo, saben trabajar en equipo, motivar y organizar con enorme precisión a sus empleados, que van desde 32, en el caserío familiar de Ruscalleda, hasta 70, en la isla encantada de Adriá.
Lo más importante es que, además de ser brillantes, disfrutan con lo que hacen más que con ninguna otra cosa y sienten una necesidad biológica de proporcionar placer. Por eso acude a ellos gente de todo el mundo -en los seis restaurantes, al menos la mitad de la clientela es de origen extranjero- a degustar sus platos, y por eso se van agradecidos de que exista gente así en el mundo y con una sensación de bienestar que puede durar días. O incluso años. Los platos que sirven estos genios representan un ataque no sólo a los sentidos, sino, como ellos mismos dicen, al cerebro también. Y por eso el recuerdo de las aventuras gastronómicas vividas en sus restaurantes, el sabor y las texturas de sus inventos perduran en la memoria.
En el caso de El Bulli, la experiencia es el equivalente gastronómico a una final de la Copa del Mundo. Uno puede disfrutar más o menos con el juego en sí, con la comida (y Adriá acepta que haya gente que disfrute más con una buena hamburguesa a la barbacoa que con su líquido concentrado de liebre), pero como ocasión es extraordinaria, inolvidable y absolutamente diferente.
Por eso muchos de los principales cocineros del mundo, incluidos muchos de los españoles, peregrinan allí al menos una vez al año. Por eso Arzak opina que Adriá habita una dimensión diferente del resto; por eso Ruscalleda dice que se siente orgullosa de que sea su compatriota. "Mi comida es una expresión de mis raíces", dice ella, "pero él es un pionero en todo lo que hace; sacude el mundo entero de la alta cocina. Es un genio y, sin embargo, como persona, es lo menos pretencioso y lo más normal. Los grandes cocineros de antes guardaban bajo llave sus secretos. Él los revela y abre puertas para todos los demás. La generosidad y el genio juntos: ésa es la grandeza de Ferran". •

19/11/2007 15:28 h CAPITAL DE LA ALTA COCINA
La guía Michelin reparte 191 estrellas en Tokio, dos de ellas para el restaurante de Carme Ruscalleda
• La ciudad japonesa logra un récord de distinciones, con casi el doble que París
Carme Ruscalleda (centro), con el equipo de su restaurante de Tokio, el pasado julio. Foto: JORDI JUSTE



El restaurante Sant Pau situado en Tokio, de la chef catalana Carme Ruscalleda, ha sido reconocido hoy con dos estrellas en la guía Michelin de la capital nipona, que ha otorgado a esta ciudad un récord de 191 estrellas, casi el doble que a París.Ruscalleda ya había recibido tres estrellas Michelin, la máxima calificación que otorga la prestigiosa guía francesa, por su primer Sant Pau, ubicado en Sant Pol de Mar (Maresme). Tras conocer la distinción, Ruscalleda ha confesado que esperaba recibir una estrella Michelin y, al recibir dos, se ha sorprendido agradablemente. La cocinera ha añadido que durante este tiempo ella y su equipo han trabajado "con sana ambición profesional". "La comida es una embajada gastronómica, un motor económico y proyecta el turismo. Los japoneses son un público que sabe mucho y cuando se meten algo en la boca, saben si está bien equilibrado y bien cocinado", ha apuntado Carme Ruscalleda.Sabores puros e intensosEl jefe de cocina francés del Sant Pau, Jerome Quilbeuf, ha comentado que están "muy contentos y orgullosos" al ver recompensado su trabajo y, por otra parte, considera lógico que Tokio haya recibido tantas estrellas."En la cocina japonesa hay un gran respeto por el producto y hay grandes profesionales cuidando la materia. Tokio es una ciudad inmensa, como el país. Es una cocina que impresiona a los occidentales, los sabores son puros e intensos", ha afirmado Quilbeuf.Además del Sant Pau, el restaurante Ogasawara Hakushakutei ha sido distinguido con una estrella Michelin. El Ogasawara, situado en uno de los inmuebles más antiguos de Tokio, de 1927, presenta una oferta de cocina española contemporánea del chef Junichi Nishimura.Gastronomía española en TokioEl Sant Pau y el Ogasawara son los únicos restaurantes de gastronomía española reconocidos por la guía Michelin entre los 150 de Tokio que merecen al menos una estrella, de los cuales el 60% ofrecen cocina japonesa y 42, gastronomía francesa. En total, hay ocho restaurantes en Tokio con tres estrellas, 25 con dos estrellas --entre ellos el Sant Pau-- y 117 con una estrella, lo que suma un total de 191 estrellas, más que en ningún otro lugar del mundo.En la rueda de prensa de presentación, Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, se ha rendido ante el nivel culinario de los restaurantes de Tokio, después de que sus inspectores visitasen 1.500 de los 160.000 que tiene esta capital durante año y medio. "Tokio tiene algunos de los mejores restaurantes del mundo y se ha convertido en la capital con más estrellas Michelin", ha declarado ante centenares de periodistas que abarrotaban la sala.



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Información respecto a la Guía Michelín encontrada en la Red:





Viernes, 23 de noviembre de 2007



Guía Michelin, de la expectación al desencanto

CARLOS MARIBONA. MADRID.
Fiel a su cita de todos los años, entre la expectación previa de los cocineros y el habitual desencanto de todos -profesionales y aficionados-, por su permanente maltrato a nuestros restaurantes, ha salido a la venta la edición 2008 de la Guía Roja Michelin para España y Portugal.
La principal novedad de la edición de este año es que no hay novedades. O lo que es lo mismo, que un año más los cocineros españoles, considerados entre los mejores del mundo, quedan postergados: compuestos y sin apenas estrellas. Cuando se acaba de confirmar que un país como Alemania tiene nueve restaurantes con tres estrellas (el máximo galardón que concede la Guía Roja) resulta difícil de entender el hecho de que en España sólo se concedan a seis establecimientos, los mismos que el año pasado: tres restaurantes de Cataluña (El Bulli, de Ferrán Adriá; Can Fabes, de Santi Santamaría; y Sant Pau, de Carmen Ruscalleda) y otros tantos del País Vasco (Arzak, Martín Berasategui, y Akelarre, de Pedro Subijana).
Con dos estrellas figuran diez restaurantes, uno más que en la anterior edición ya que se une al grupo Abac, de Barcelona. Repiten Tristán (Mallorca); Atrio (Cáceres); El Poblet (Denia); Mugaritz (Rentería); La Broche y Santceloni (Madrid); Zuberoa (Oyarzun); La Alquería (Sanlúcar la Mayor, Sevilla), y El Celler de Can Roca (Gerona). Que este último, considerado unánimemente como uno de los grandes de España, no haya recibido aún las tres estrellas es una de las decisiones más incomprensibles de una guía llena de decisiones incomprensibles y que un año más infravalora a la cocina española. Faltan también, en la relación de los dos estrellas, restaurantes de enorme nivel como pueden ser El Bohío (Illescas, Toledo), o Casa Gerardo (Prendes, Asturias), entre otros muchos.
La relación de establecimientos galardonados con una estrella incluye 108 nombres. Las novedades de este año son Comerç 24 (Barcelona); Yayo Daporta (Cambados); Kokotxa y Kursaal (San Sebastián); Arrop (Gandía); Massana (Gerona); Azurmendi (Bilbao); El Club Allard (Madrid); El Casals (Sagás, Barcelona); Retiro da Costiña (Santa Comba, La Coruña); Villena (Segovia); El Molino de Urdániz (Urdaiz, Navarra); Ramiro´s (Valladolid) y Calima (Marbella). Naturalmente en la relación hay bajas. Pierden su estrella La Casa del Abad (Ampudia, Palencia); Aldebarán (Badajoz); Koldo Royo (Palma de Mallorca); Gallery Paladares (Gijón); Carballeira (Lérida); Mesana (Marbella); Casa d´a Troya (Madrid) y Chez Víctor (Salamanca).
La guía está a la venta desde ayer al precio de 25,50 euros en un estuche especial con un termómetro para vino. Y como siempre, sale a la calle envuelta en la polémica. Para confirmarlo, un último dato: sólo en la ciudad de Tokio, cuya guía acaba de publicarse también estos días, hay 150 restaurantes con estrella, 26 más que en toda España. Cosas de la Michelin. Seguiremos esperando.


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22 noviembre 2007



Guía Michelín 2008 de España & Portugal


Con el mismo desamparo se recoge la cocina española en la Guía Michelin 2008 de España & Portugal. Tras la escandalosa noticia de las 191 estrellas que han inaugurado la guía tokiota, la publicación de la nueva guía roja de nuestro país (más maltratado si cabe) vuelve a sonar a tongo. Destacamos también que la parte que corresponde a Portugal no ha sufrido ningún cambio con respecto a la guía anterior.
Para empezar, ningún restaurante se estrena como triestrellado, se mantienen los tres catalanes y los tres del País Vasco, sólo hay un restaurante que al que le otorgan las dos estrellas y se entregan 14 nuevas estrellas. Como contrapartida, hay 9 retiradas.
Vamos a por los nombres, el restaurante que ha conseguido su segunda estrella es el Àbac de la mano del chef Xavier Pellicer en Barcelona. El resto de nuevas estrellas concedidas con su primer asterisco son Comerç 24 (Barcelona), Massana (Gerona), Ramiro’s (Valladolid), Yayo Daporta (Cambados), Retiro da Costiña (Santa Comba), Kokotxa (San Sebastián), Kursaal (San Sebastián), Arrop (Gandía), Azurmendi (Larrabetzu), Club Allard (Madrid), Calima (Marbella), Els Casals (Sagàs), Villena (Segovia) y El Molino de Urdániz (Urdániz) .Las peores sorpresas son para quienes pierden una estrella Michelin, en esta ocasión nueve que corresponden al restaurante mallorquín Koldo Royo, al restaurante marbellí Mesana de Ramón Freixa, la Posada Real La Casa del Abad de Ampudia en Palencia, el Albedarán de Badajoz, La Casa d’a Troya de Madrid, Jean Luc Figueras de Barcelona, Gallery de Gijón, Carballeira de Lérida y Chez Víctor de Salamanca.
Este año había algunas otras apuestas, como la tercera estrella para El Celler de Can Roca o la segunda para El Bohío o Casa Gerardo, pero ya se ha cerrado la timba.
Ahora, cada uno a comer donde más le apetezca.







15 noviembre 2007
Guía Michelin 2008, Alemania con más estrellas que España e Italia, de momento...



Ya se han publicado los datos de la nueva Guía Michelin 2008 para Alemania que saldrá al mercado el próximo viernes 16 de Noviembre.
En ella, los restaurantes alemanes, más conocidos en España por las salchichas, el pan de centeno y la cerveza, que por la cocina para sibaritas, han recibido tres triples estrellas más, con lo que se eleva a nueve el número de restaurantes alemanes que ostentan tres estrellas Michelín.
De esta manera, Alemania se sitúa segundo, detrás de Francia, como país con más tri-estrellados.
En primer lugar, por supuesto, Francia, con nada más y nada menos que 26 restaurantes con tres estrellas. Le siguen, tras Alemania, España y Portugal con seis, e Italia con cinco.
Pero no se apuren, la posición de Alemania como segunda tras Francia en esta hipotética competición podría cambiar. Michelín no ha publicado aún su guía 2008 para Italia, ni la de España y Portugal.
Además, uno de los restaurantes alemanes galardonados con el triestrellato lleva por nombre “Amador”. Al frente, y de padres granadinos, Juan Amador: “Alemán de cabeza y español de corazón” según se define a si mismo este cocinero de 38 años que a pesar de haber nacido en Strümpfelbach, un pueblecito de la Selva Negra, lleva con orgullo su origen andaluz.
Discipulo de la cocina de vanguardia vasca y catalana, de Juan-Mari Arzak, Martín Berasategui y Ferran Adriá, y sin perder de vista al inglés Blumenthal, Juan Amador se sube a la élite de la cocina logrando la hazaña de destacar en la historia de la gastronomía alemana al convertirse en poco menos de dos años uno de los mejores cocineros del país.
Ya saben, si pasan ustedes por Langen, cerca de Fráncfort, no dejen de visitarle…




Los restaurantes de Tokio lideran la Guía Michelin
Publicado el 20/11/2007, por Expansion.com


La Guía Michelin es siempre noticia, y esta vez ha roto esquemas. Ha repartido en la restauración de Tokio 191 estrellas en su estreno en esta guía, mientras que a su tradicional ciudad favorita, la omnipresente París, le ha otorgado 64, y tan sólo 24 a la cosmopolita Nueva York.


Tokio figura desde ayer en el firmamento Michelin y lo hace con un papel estelar: la capital japonesa ha logrado 191 estrellas, que la polémica guía gastronómica francesa ha repartido a 150 restaurantes. En la primera versión que Michelin dedica a una ciudad no occidental, Tokio gana en el ránking mundial a París, ciudad a la que casi duplica en número de estrellas. Aun así, Francia mantiene todavía su particular reinado gracias a Joël Robuchon, chef francés que, con las distinciones concedidas ayer a sus locales de Tokio, se convierte en el cocinero con más estrellas Michelin del mundo (17). Robuchon adelanta así al célebre Alain Ducasse (con 15) y al británico Gordon Ramsay (con 11). En su primera incursión japonesa, que se suma a la creciente vocación global de la guía gala (en los últimos dos años, a las versiones europeas se han sumado las guías de Nueva York y San Francisco), Michelin también ha tenido un efecto español. La cocinera catalana Carme Ruscalleda ha recibido dos estrellas para su local Sant Pau de Tokio, que se suman a sus tres asteriscos en España.




CONSIGUE 191 ESTRELLAS DE LA GUÍA CULINARIA, CASI EL DOBLE QUE PARÍS
Tokio, capital mundial de la Guía Michelin
La capital japonesa es la ciudad del mundo mejor valorada por la guía francesa
Sus inspectores culinarios visitaron 1.500 restaurantes durante un año y medio
El 'Sant Pau' y el 'Ogasawara' son los únicos de gastronomía española premiados


Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, en Tokio. (Foto: AFP)


Actualizado lunes 19/11/2007 09:51

ELMUNDO.ES EFE
TOKIO.- "Tokio tiene algunos de los mejores restaurantes del mundo y se ha convertido en la capital con más estrellas Michelin", indicó Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, ante centenares de periodistas.
Naret se rindió al nivel culinario de Tokio después de que la prestigiosa guía francesa otorgara 191 estrellas a los restaurantes de la capital nipona. Para ello, sus inspectores culinarios visitaron, durante año y medio, 1.500 de los 160.000 locales que tiene Tokio.
En total, hay ocho restaurantes con tres estrellas -sólo superado por 10 en París-, 25 con dos estrellas y 117 con una estrella, hasta un total de 191 estrellas, más que en ningún otro lugar del mundo y casi el doble que en París.
El 'Sant Pau' y el 'Ogasawara Hakushakutei' son los únicos restaurantes de gastronomía española reconocidos por la guía Michelin entre los 150 de Tokio que merecen al menos una estrella, de los cuales el 60% ofrecen cocina japonesa y 42 gastronomía francesa.
El 'Sant Pau' de la capital nipona, de la chef catalana Carme Ruscalleda, ha sido reconocido con dos estrellas en la Guía Michelin. Ruscalleda ya había recibido tres estrellas Michelin, la máxima calificación que otorga la prestigiosa guía francesa, por su primer 'Sant Pau', ubicado en Sant Pol de Mar (Barcelona).
Tras conocer la distinción, Ruscalleda aseguró que esperaba una estrella Michelin y ahora recibir dos ha sido una sorpresa, pero añadió que durante este tiempo ella y su equipo han trabajado "con sana ambición profesional".
"La comida es una embajada gastronómica, un motor económico, y proyecta el turismo. Los japoneses son un público que sabe mucho y cuando se mete algo a la boca, sabe si está bien equilibrado y bien cocinado", apuntó Carme Ruscalleda.
El chef francés del 'Sant Pau', Jerome Quilbeuf, comentó que están "muy contentos y orgullosos" al ver recompensado su trabajo y consideró lógico, por otra parte, que Tokio haya recibido tantas estrellas.
"En la cocina japonesa hay un gran respeto por el producto, antes que nada; hay grandes profesionales cuidando la materia. Tokio es una ciudad inmensa, como el país. Es una cocina que impresiona a los occidentales, los sabores son puros e intensos", dijo.
Además del 'Sant Pau', ha sido merecedor de una estrella Michelin el restaurante 'Ogasawara Hakushakutei', situado en uno de los inmuebles más antiguos de Tokio, de 1927, y que presenta una oferta de cocina española contemporánea del chef Junichi Nishimura.
Una portavoz de ese restaurante dijo, tras hacerse público el reconocimiento de la guía francesa, que están "muy agradecidos por esta valoración" y que esperan "no relajarse" con el premio. "Nuestra intención es seguir trabajando como antes y ofrecer un ambiente alegre a los clientes, como el que hay en España", indicó.
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lunes, 26 de noviembre de 2007

El fenómeno televisivo Karlos Arguiñano


Voy a incorporar información encontrada en la red sobre este fenómeno comunicador de la cocina que es el simpático y dicharachero Arguiñano.

Os animo a visitar su página web que es la siguiente: http://www.karlosnet.com/
En ella encontrareis recetas y consejos muy útiles.

Karlos Arguiñano
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Karlos Arguiñano Urkiola (Beasáin, País Vasco 6 de septiembre de 1948) es, principalmente cocinero, pero también actor y empresario español. Es muy popular en España tras presentar en TVE un programa de cocina

Biografía

Restauración
Aunque nació en Beasáin (Guipúzcoa) el 6 de septiembre de 1949, reside desde joven y sigue residiendo actualmente en Zarauz (también en Guipúzcoa) donde tiene su afamado hotel restaurante.
Cursó estudios primarios en los Benedictinos de Lazcano (Guipúzcoa) y posteriormente estudios de maestría industrial. Trabajó en la fábrica de trenes de Beasáin (Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles) como chapista. Ya con 17 años decidió apuntarse a la Escuela de Hostelería del Hotel Euromar en Zarauz dirigido por Luis Irizar.
En 1978 creó un Hotel Restaurante en Zarauz, situado en un castillo construido en piedra rústica que constituye una auténtica joya arquitectónica. En 1996 inauguró también en Zarauz la Academia de Cocina Aiala.

Televisión
Alcanzó una enorme popularidad a partir de 1992, cuando un año después de conducir un programa similar en ETB, inició la presentación de un espacio diario de cocina El menú de cada día en Televisión española. Arguiñano se convirtió así en la revelación televisiva de la temporada y recibió el Premio Ondas y el TP de Oro de la revista Teleprograma.
Siempre en TVE, en la temporada 1994-1995 su programa pasó a llamarse El menú de Karlos Arguiñano y en 1995-1998 La cocina de Arguiñano.
Desde 2004 realiza un Karlos Arguiñano en tu cocina en la cadena Telecinco junto a Juan María Arzak como invitado de los viernes.

Cine
Ha participado en varias películas como Airbag de Juanma Bajo Ulloa (1997), Año mariano de Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo (2000) y El rey de la granja de Carlos Zabala y Gregorio Muro (2002).

Otras actividades
Ha escrito varios libros orientados a la cocina fácil. Su empresa, Bainet, es responsable tanto de su programa de televisión como de sus libros de cocina. Publica también libros de Arzak, Eva Arguiñano (hermana de Karlos) y colaboradora semanal antes de tener su propio programa y Mikel Corcuera, entre otros. Bainet es además socio del GAMP (Grupo Audiovisual de Medios de Producción), consorcio propietario de la Sexta. En esta cadena produce Hoy cocinas tú, presentado por Eva Arguiñano, y "Un país de chiste", con Óscar Terol.
Karlos Arguiñano ha promocionado la cocina en general y la española en particular por diferentes países: Estados Unidos, Argentina, México, Suecia, Italia, Suiza, Alemania, Francia... Ha impartido clases de cocina, cursillos, participado en Jurados Gastronómicos, conferencias, mesas redondas o charlas.
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Viernes, 12 de octubre de 2007 - 13:55 GMT


Karlos Arguiñano: cocinar con alegría
Redacción BBC Mundo
"La cocina, hay que disfrutarla", afirma el chef español Karlos Arguiñano.

Si estás bien alimentado estás preparado para jugar, para reir, para hacer el amor, para trabajar. Por la boca entran las dos cosas, la salud o la enfermedad
Karlos Arguiñano
Y para lograrlo, asegura, nada mejor que recordar: recordar que cocinamos para los seres queridos y que la salud (al igual que la enfermedad) entran por la boca.
Arguiñano es quien más ha promocionado la cocina española en el mundo. A través de su programa de televisión, este chef vasco combina la preparación de sus recetas con historias, chistes y hasta canto a capela.
El Hotel Restaurant Karlos Arguiñano en la playa de Zarautz es un castillo de piedra rústica considerado además de un buen lugar para ir a comer, una aunténtica joya arquitectónica. Allí se encuentra además su academia de cocina, a la que asisten estudiantes de varios países de América Latina.

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Entrevista aparaecida en http://www.elperiodico.com/

24/11/2007 LA ENTREVISTA CON KARLOS ARGUIÑANO, CHEF Y EMPRESARIO
Karlos Arguiñano: "Negros y chinos juegan a pelota vasca en Nueva York"
Es rico, rico, rico y domina los frontones tanto como los cuchillos. Tiene contratados a los 50 mejores pelotaris.

--Para que se haga cargo del tipo de entrevista:
¿es cierto que en los frontones de pelota se han dilapidado enormes fortunas?--Me temo que eso ocurría en otros tiempos, no creo que ahora hayan enterrado fincas en ningún frontón. No sé, puede que a alguno se le vaya la olla y apueste todo lo que tenga, pero no van por ahí los tiros, no. Supongo que en el casino sí puede ocurrir eso. O en las quinielas. Quién sabe, igual uno cree haber descubierto el truco del almendruco, de cómo acertar los 15, y hace una quiniela tras vendérselo todo. Qué se yo. También hay quien mata, quien se suicida, quien tiene cuatro mujeres: locos los hay en todas partes.-
-¿En los frontones se apuesta fuerte o solo va uno a divertirse?--Las apuestas son la chispa del frontón. No creo que uno vaya al frontón solo a apostar, a sacarse la semanada. No, uno apuesta como parte del entretenimiento, no más.--Ahora dicen que algunos tenistas amañan partidos asesorados por las mafias de las apuestas.
¿Los pelotaris lo tendrían más fácil, no?--No siga por ese camino, por favor. Se juegan mucho y tienen duelos de tal intensidad, incluso fraternales, entre hermanos, que se convierten en lo más importante de su vida. Hay pelotaris, que lo sepa, que ganan 40 o 50 millones de pesetas por temporada.
¿Usted cree que van a poner su prestigio en juego por una apuesta? ¡Por favor! La pelota es muy sacrificada, muy dura, y los pelotaris son gente muy íntegra, se lo digo yo. Si yo viera algo de eso, me salía de inmediato.--A usted, muy deportista no se le ve.
¿O sí? ¿Qué deporte practica?--Andar por el monte.--¿Perdón? ¿Andar por el monte?--Sí, sí. ¿Le extraña? Yo he practicado mucho el monte, he ido y venido por el monte... Suelo hacer unos 80 o 90 kilómetros a pie a la semana. Antes jugué a pelota, pero tuve que dejarlo: mis rodillas dijeron basta.--Lo dejó y se convirtió en el amo de la pelota vasca, en el jefe de la mayor empresa de pelotaris.--A mí el deporte siempre me ha apasionado. Tengo, sí, 50 pelotaris profesionales, todos de mano, que es la auténtica especialidad, la verdadera pelota vasca. Organizamos unos 300 festivales al año y hay partidos todas las semanas. En los últimos 16 años, gracias a Tele 5, hemos colocado la pelota vasca entre la élite. Ofrecemos partidos en directo todos los sábados y tienen muchísimo éxito.--Perdone, no lo dudo, porque me han dicho que todo lo que usted toca se convierte en oro.--Mire, la pelota vasca es el único deporte, escríbalo bien, ¡el único!, que no es importado, el único que es nuestro. Todos los demás son importados, empezando por el fútbol. Menudo deporte ese.-
-¿Tiene algo contra el fútbol?--Todo. Menos fútbol y más pelota vasca, que es nuestra. Esto del fútbol es una locura y no tiene sentido. Ninguno. Mire, yo soy socio de La Sexta, pero no me importa decir que esta pelea por las retransmisiones del fútbol no tiene sentido. Yo creo que la gente del fútbol nos está tomando el pelo. Vamos equivocados, nos manejan como a muñequitos. En la vida hay muchísimas cosas más importantes que el fútbol.-
-Ya veo que está reñido con el deporte rey, y mucho.--Yo estoy reñido con el despilfarro. El fútbol es la historia del dinero. Del dinero que nadie sabe de dónde sale. Ya cansa. Ves al Madrid fichar y al Barça fichar y al Valencia fichar, y piensas: ¿de dónde sacan el dinero? Ya no le digo cuando piensas en todo lo que se escribe y habla de fútbol... con la de cosas interesantes que hay en la vida que no son fútbol.-
-Por ejemplo, la pelota vasca.--Pues sí, la pelota vasca, sin más. Mire, el duque de Windsor llegó a decir un día, en San Sebastián, tras presenciar un partido a mano, que si la pelota vasca hubiese nacido en Inglaterra, el tenis no habría existido. La pelota es la máxima expresión del deporte. La pelota es el deporte más genuino y barato del mundo. En Cuba, hacen una cruz con dos grandes paredes y ¡zas! tienen cuatro frontones. Los niños más pobres del mundo solo necesitan una pelota, una pared y una tiza para pintar la raya de falta y juegan un campeonato. Para esquiar, tienes que ir a pedir un crédito.-
-Pero esto ya es un negocio.--Es la misma pelota que se juega en los cinco continentes, en las paredes de las iglesias y plazas de los pueblos, pero nosotros la hemos decorado con colores, focos, camisetas, publicidad y tele. No más. Es la misma pelota que vi practicar, la semana pasada, en Nueva York.
¿Usted sabía que en Chinatown los negros y los chinos juegan a pelota vasca con guantes? Pues sí, uno de mis seis hijos --y tengo tres nietos ¿eh?, que el próximo día 6 cumplo 59--, me llevó a verlo y flipé: negros y chinos jugando a pelota en Nueva York. ¡Qué grande es la pelota! Y la gente anda discutiendo de fútbol, ¡bah!

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