Club gastronómico cuyo fin principal es acudir a degustar los menús de los mejores restaurantes de Guipúzcoa y si se tercia de otros lugares. Además se añadiran en este blog fotos y artículos relacionados con la gastronomía
domingo, 15 de noviembre de 2009
SAN SEBASTIAN GASTRONOMIKA
Pichar aquí: http://www.youtube.com/watch?v=bTB6JQNNlh4&feature=player_embedded#
Esta es la página ofial del congreso: http://www.sansebastiangastronomika.com/
La información que sigue es de la página web : http://www.7canibales.com/
Isabel Conde
El Invitado
27/10/2009
España y Japón, viaje de ida y vuelta Próxima parada: San Sebastián
Del 22 al 25 de noviembre San Sebastián será más japonesa que nunca: los principales representantes de la alta gastronomía nipona viajarán al congreso de la ciudad donostiarra para impulsar, más si cabe, la conexión gastronómica España- Japón, cada vez más notable, aunque aún lejos de ser bidireccional. Algunos de los más reputados e internacionales cocineros españoles, como Juan Mari Arzak o el mismísimo Ferran Adrià, no dudan en confesarlo a menudo durante sus entrevistas: la cocina española ha aprendido mucho de Japón, especialmente en el campo de la sensibilidad culinaria, algo para lo que parecen estar especialmente diseñados los paladares del país del Sol Naciente.
Como reconocimiento a esta sensibilidad japonesa, de la que España tiene aún mucho que aprender, Arzak y Adrià, junto al donostiarra Andoni Luis Aduriz, participaron en la primera edición del congreso gastronómico internacional “Tokyo Taste”, celebrado en la capital japonesa a principios de febrero de este año, y que sirvió como plataforma de intercambio de influencias entre la cocina nipona y el resto del mundo.
La presencia allí de los chefs españoles no pasó desapercibida y lograron llenazo y atención absoluta en sus ponencias y demostraciones. Por eso, los japoneses han querido devolver el gesto y así lo harán en el Palacio Kursaal, donde tendrá lugar la San Sebastian Gastronomika.
El genio de la sensibilidad culinaria Hiroyoshi Ishida, del restaurante “Mibu”, Yukio Hattori, responsable de la célebre escuela de cocina Hattori o Jiro y Teiichi Ono, los maestros del sushi, serán algunos de los principales protagonistas del próximo congreso de San Sebastián, donde dispondrán incluso de una de las tres jornadas del evento, dedicada por entero a sus técnicas de cocina, tan admiradas en España.
En definitiva, se trata de un viaje de influencia gastronómica de ida y vuelta entre los fogones de España y los de Japón, aunque eso sí, todavía lejos de ser igual de fuerte en ambas direcciones.
Japón se rinde a los encantos de los productos y recetas más “Typical Spanish”…
Los cocineros españoles ya han profesado su admiración por sus homólogos nipones y algunos de sus ingredientes más nacionales, como el yuzu, el wasabi, la salsa de soja o el sake -este último con un tirón cada vez más notable en toda Europa-.
Mientras que en Tokio, donde he vivido casi dos años, no falta un restaurante español, como mínimo, en cada barrio. Eso sí, en los que los platos estrella son los más “typical Spanish”: tortilla de patata, pulpo a la gallega, calamares rebozados, las tapas de jamón ibérico y por supuesto la paella.
Muchos hablan de la capital japonesa como la más gastronómica del mundo, al ser la ciudad con el mayor número de estrellas Michelin en sus restaurantes: un total de 227, dos de las cuales corresponden al restaurante en Tokio de la afamada cocinera catalana Carme Ruscalleda.
Lo cierto es que a los cerca de 32 millones de personas que habitan en el área metropolitana tokiota, en su gran mayoría japoneses, les gusta comer bien y a pesar de que para ellos la cocina francesa ha sido durante mucho tiempo la referencia de la alta gastronomía, la española está consiguiendo al mismo tiempo ganar prestigio y ponerse de moda.
Lo español vende en Japón. Y si no que se lo digan a los cientos de personas que esperaron pacientemente en fila en la jornada de clausura de “Tokyo Taste” para que Aduriz, Arzak y Adrià -especialmente este último- les firmaran sus libros de cocina, o a los cientos de alumnos japoneses que estudian español en el Instituto Cervantes de Tokio, el más grande del mundo.
No obstante en Japón hay pocos cocineros que se atrevan con las técnicas españolas que han llevado a nuestra cocina a la punta de la lanza de la gastronomía de vanguardia.
En la mayoría de los casos, los nipones se centran y se limitan al uso y mimo de productos tan españoles como el aceite de oliva, el jamón ibérico y muy poco a poco, y en fiera competencia con Francia, Italia y Latinoamérica, el vino.
Por ejemplo, las mejores naranjas de Valencia pueden encontrarse en la cadena de supermercados nipones Takashimaya, y las primeras cerezas de Lérida, son algunas de las frutas que ocupan las estanterías de establecimientos como el Meidi-Ya. El aceite de oliva está ya en la mayoría de los comercios de alimentación de Tokio, aunque predominan más las marcas italianas o incluso las de otros países europeos como Grecia, que por el momento han sabido venderse en Japón mejor que las marcas españolas.
En cuanto a las recetas más españolas, sólo algunas de peso internacional, como la paella, han conseguido cuajar en Japón, donde la mayoría de los establecimientos españoles la utilizan como icónica bandera.
El chef leridano Josep Barahona, asentado en Japón desde hace cerca de 20 años -donde fue responsable de introducir el “pa amb tomàquet”-, ofrece a sus clientes en Tokio la posibilidad de degustar la más auténtica paella española a domicilio.
En esta misma línea, cientos de restaurantes españoles de la capital nipona, tales como “Casa Artista”, -en el que además de cenar se puede asistir a un espectáculo de flamenco- tiran de los productos y recetas más tradicionales de España.
No obstante, ese no es el caso del restaurante de Ruscalleda, que fusiona la cocina tradicional catalana con una sensibilidad moderna en su establecimiento tokiota.
La importación nipona de las tecnología más vanguardista en cocina, la otra cara de la moneda
El producto español se ha ido ganando un sitio en Japón, no obstante resulta muy difícil que ninguna técnica extranjera se imponga en este país, en el que a diario se conjunta la tecnología más puntera con las tradiciones más milenarias, y que resulta prácticamente hermético a influencias externas, por muy admiradas que sean, como ocurre en el caso de la gastronomía española.
En su vida diaria, los japoneses están acostumbrados al contacto directo con todo tipo de tecnologías, pero no en la cocina, donde la elaboración más artesanal y las recetas centenarias son los principales protagonistas de un tipo de gastronomía diseñada para el disfrute de los sentidos y de los paladares más sensibles.
España sin embargo está a la cabeza del uso de las tecnologías entre los fogones y es el país que más ha contribuido en los últimos años a que la presencia de estas máquinas en las cocinas profesionales sea cotidiana.
Por un lado muchos de los grandes chefs españoles han inspirado la fabricación de máquinas de cocina extendidas en todo el mundo, como por ejemplo la “Roner” de Joan Roca y Narcís Caner.
Otros han inventado nuevos usos de máquinas ya existentes, como hicieron en “El Bulli” con los sifones para la creación de las espumas.
Y además, desde las cocinas de algunos de los más reputados restaurantes españoles se ha inspirado la creación de maquinaria que hoy ya usan muchos de los maestros del sector y que se distribuyen en todo el mundo a través de compañías como la española ICC (International Cooking Concepts).
Ya en “Tokyo Taste” se trató de trasnmitir que el uso generalizado de estas máquinas han permitido a los chefs explorar lo inexplorado y hacer de la cocina española un sinónimo de innovación y vanguardia.
Ahora, en San Sebastián, se tratará de dar un paso más en la ardua tarea de abrir las puertas de las cocinas del país más tecnológicos del mundo, a la maquinaria de cocina que a día de hoy solo usan los chefs más transgresores de Tokio, entre ellos Seiji Miyamoto (del restaurante “Nihonryori RyuGin”) y Yoshihiro Narisawa (del restaurante “Les Créations de Narisawa”, situado en el puesto 20 de entre los mejores del mundo en 2009 y considerado además el Mejor Restaurante de Asia).
Japón y sus conceptos, una realidad ya al alcance de todos en España
España cuenta cada vez con más restaurantes japoneses, el pescado crudo y su preparación en forma de sushi han empezado a convertirse en cotidianos y además las cocinas españolas más importantes del momento cuentan en su plantilla con cocineros y aprendices nipones que se están empapando de nuestros secretos gastronómicos.
Si las sinergias continúan y congresos como el de San Sebastián se repiten, los japoneses llegarán sin duda a dominar nuestras recetas y reproducirlas a la perfección en su país, donde gracias a su enorme capacidad de imitación y superación, cuentan con algunos de los mejores restaurantes italianos, franceses, chinos y de otros muchos países.
La Gastronomika de San Sebastián fortalecerá los cimientos de este intercambio gastronómico hispano japonés y la presencia de algunos de los principales chefs japoneses en el Palacio Kursaal de la capital donostiarra augura larga vida a esta influencia bilateral de dos de los países del mundo con mejores técnicas de cocina.
Esta décimo primera edición del congreso gastronómico con más historia de nuestro país lo confirma: poco a poco, España y Japón están cada vez más cerca, las influencias son bidireccionales y los viajes son de ida y vuelta.
viernes, 8 de mayo de 2009
Restaurante Elkano de Getaria
Será la segunda vez que acudimos a este templo de los pescados a la parrilla.
Os recomiendo que visiteis este magnífico lugar del buen comer.





Restaurante Elkano (Getaria). La mejor parrilla de pescado
25.02.09 -
Rafael García Santos

Pedro Arregui es un hombre feliz, mejor, sumamente feliz. La razón no es otra que ahora tanto él como su mujer pueden estar seguros del futuro de este histórico asador que inauguraran en 1969 y al que han dedicado su vida. La paulatina incorporación de su hijo, Aitor, que ha ido tomando protagonismo en los últimos años, significa una bocanada de aire fresco, que no sólo conlleva la perpetuación del establecimiento, sino que supone una cierta mejoría. ¿En qué ha podido superarse la primera parrilla de pescados de España? Pues en algo tan razonable como adecuar minimamente los puntos de cocción a la nueva realidad gastronómica, reduciendo las hechuras, potenciando jugosidades y naturalidad.
A este restaurante siempre hay que volver para revivir sensaciones únicas. Como la que brinda el rodaballo, insuperable, hasta el punto de que cabe preguntarse cuántos mejores se pueden comer en este mundo. Si se va en grupo, hay que demandar una pieza grande y comprobar la diversidad táctil y sápida que ofrecen los dos lados del pescado, el izquierdo, el oscuro, y el derecho, el claro. Y chupar sin ninguna vergüenza, con verdadera fruición, la corona de espinas que rodea al pez; es la zona más sabrosa, que acapara mayor gelatinosidad.
Si por avatares de la vida ese día no hay rodaballo, el lenguado es majestuoso, asándose como el primero sobre la brasa, en pieza entera, que sale levemente impregnada de tan encantadores aromas rústicos. Antes, unos estivales chipirones a las ascuas, que salen tersos, consistentes, carnosos, con un sabor dulce y a la vez bravío, manjarosos. Otro timbre de gloria, también sin parangón terrenal, las kokotxas a la parrilla, que cambian sustancialmente de las rebozadas, comparación que resulta reveladora y constituye una gratísima obligación; por tanto unas y otras. Y para empezar, unas descomunales almejas, dispuestas sobre el carbón de encina, donde tan solo se calientan para potenciar sus cualidades intrínsecas. Colosales.
Perretxikos o sisas y hongos a la parrilla, chipirones encebollados con un toque de pimiento verde (a lo Pelayo) y la sublime langosta a la brasa, única en su género: excelsa de sabor, textura y jugosidad. Como colosal está el cremoso y puro helado de queso.



Templos Gastronómicos Españoles
Una experiencia francamente inolvidable, y sin duda altamente recomendable.
Restaurante Elkano.
Elkano Jatetxea se encuentra en la encantadora villa portuaria de Guetaria, cuna del insigne marino Juan Sebastián de Elcano. A un paso de la capital guipuzcoana, y frente a las playas de Zarautz, a las que aporta la distintiva vista de su "ratón".
El restaurante está en el centro del pueblo, a pie de carretera. La familia que lo regenta tiene otro restaurante en la zona del puerto, el Kaia, cuya especialidad es la impresionante vista de la bahía y el amarradero pesquero desde su simpar galería.La comida es muy buena también allí, básicamente comparten escuela, pero si la finalidad de la visita es exclusivamente gastronómica, hay que ir a visitar a Aitor en el Elkano. Aitor es un joven restaurador, digno heredero de su padre, Pedro, que busca afanosamente sacar con la mínima intervención el máximo partido de la mejor materia prima de la cornisa cantábrica. Solamente lo mejor de la lonja va a parar a sus parrillas. Es un especialista de las brasas, en las que es un maestro en sacarle jugo a las distintas maderas y carbones, y destacar de cada pescado sus sabores y aromas más auténticos. No esperéis platos elaborados, ni salsas, no encontrareis nada que encubra el original encanto de los frutos del mar.Son memorables sus kokotxas, tanto las ya clásicas fritas rebozadas, como su novedosa aportación a la cocina de brasas. Según temporada y como haya ido la pesca podréis encontrar en sus recomendaciones (no pidáis la carta, preguntad y dejaos aconsejar por Aitor) desde el humilde chicharro (jurel) o las anchoas hasta el fastuoso rodaballo, pasando por los sorprendentes chipirones de anzuelo, el bonito, las almejas, ostras, besugo, rape, lubina, bogavante, txangurro... y cualquier sorpresa que el día pueda traer.Siempre quedará en mi memoria la lección magistral impartida por Aitor sobre los diferentes sabores y texturas de las diferentes partes del rodaballo:Acompañado en esa ocasión por Manu, un amigo navarro que regenta en San Sebastián un comercio de vinos, encontramos a Aitor un raro día bastante desocupado en sus fogones, y quiso hacernos partícipes de su "taller creativo", en la terraza, con el ruido de fondo del oleaje y el crepitar de las brasas al lado.Comenzamos por unas cuantas variaciones sobre la ensalada de bogavante, marisco para el que tiene sus propios criaderos, y que en las frías aguas del Cantábrico crece de carnes duras, consistentes y de concentrado sabor. Disfrutamos de sus experimentos con diversidad de acompañamientos, texturas de ensaldadas, aromas y sabores de aceites y vinagres.A continuación nos presentó sus innovadoras kokotxas a la brasa, a las que había creado una ingeniosa parrilla para colocarlas sobre el fuego. Estas resultan ser sorprendentes. Llegan enteras a la boca, con su característica textura gelatinosa, y al presionarlas entre la lengua y el paladar estallan en un festival de sabor marino, agradabilísimamente persistente. Continuamos con unas grandes almejas blancas, de frescor incomparable, que también tuvieron un breve paso por las brasas, lo justo para abrirse, pasando entonces directamente y sin ningún aditamento al plato. Casi crudas, jugosas, sabrosas, y con el único añadido del sutil aroma ahumado. Para terminar el entrante, unas hermosas anchoas cuya salazón y aliñado había realizado Pedro. Sin más preámbulo pasamos a extasiarnos ante un rodaballo de los que no se ven todos los días: uno de los de verdad, de cerca de dos Kg. de peso, mimado sobre el calor de las brasas de haya. Aitor nos explicó que del rodaballo ha de comerse la carne junto con su piel: primero la parte de piel oscura, que aporta a la jugosa y tersa carne su textura crujiente y su sabrosura. Luego la parte de piel clara, que resulta más grasa, densa, envolvente y persistente, más sutil y delicada. En tercer lugar, la parte de los contornos exteriores, sobre las espinas de las aletas, la más sabrosa, que se separa de éstas en una especie de pequeños gajos tersos y gelatinosos, de intenso sabor. Y por último las "carrilleras", un bocado sorprendente. Todo este festín fue regado oportunamente:Escogimos en primer lugar un riojano Marqués de Riscal blanco Sauvignon blanc, fresco, ligero, muy afrutado, con su inconfundible aroma a melocotón, para continuar, de la misma bodega, con un excelente Limousin de tres años criado en barrica, de un amarillo dorado viejo, fresco, sabroso, untuoso, potente, que casaba a la perfección sus aromas de madera con las ligeras notas de humo del pescado.El restaurante tiene una amplia bodega, capaz de satisfacer al paladar más experimentado. Destacan, lógicamente, sus vinos blancos, cavas y champagnes. Después de este festival, probamos el helado de queso, marca de la casa, y tomamos el café con tranquilidad con la brisa marina en la cara. En resumen, una experiencia francamente inolvidable, y sin duda altamente recomendable.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Fiesta de la Alubia de Tolosa-22-Noviembre-2008
viernes, 5 de diciembre de 2008
Capítulo 25º


Menú degustación· Aperitivo de la casa
· Tartar de bonito con salmorejo y sorbete de cebolla caramelizada
· Txipirón con panceta asada y patata ahumada
· Ravioli de rabo y manitas con piña e Idiazabal
· Pescado del día, verduras salteadas en velo de tocino y romescu
· Presa de cerdo ibérico con crema de jabugo y migas crujientes
· La tarta de queso en vaso
· Mamia esponjosa con crema de moscobado y helado de nueces

CLUB GASTRONÓMICO “MAR CANTÁBRICO”
CAPITULO 25º 14-Noviembre-2008
Cena en el recientemente premiado con una estrella Michelín, el Restaurante Kokotxa en la Parte Vieja donostiarra.
Nos deleitamos con el menú degustación citado anteriormente.Todo francamente delicioso.
En cuanto a vinos saboreamos los siguientes:
Finca Veracruz-Un Verdejo D.O. Rueda
Edulis 2004 Crianza-Uva 100% Tempranillo D.O.C. Rioja de la Bodega Altanza de Fuenmayor



Restaurante Kokotxa
Restaurante Kokotxa, inaugurado en 2002.Cocina con personalidad, basada en productos frescos de máxima calidad que aúna tradición y vanguardia.Ubicado en pleno corazón de la parte vieja, junto a la Basílica de Santa María y a un paso del puerto de Donostia.Con aproximadamente 12 años, empieza a cocinar en casa para su abuelo; entra en la recién inaugurada Escuela de Hostelería y Restauración de Barcelona donde simultáneamente estudia y logra sacar tiempo para, además, componer y tocar la guitarra en un grupo (Los Canguros).
Fue en la época de El Bullí cuando ganó el Certamen de Cocina de Autor de Vitoria (el 1er no-vasco en ganarlo) también entonces pudo cumplir su sueño de pasar unos.
martes, 26 de febrero de 2008
Alcachofa de Benicarló D.O.
Demostración Gastronómica
Un acto que despierta un gran interés entre las gentes de estas comarcas es la demostración gastronómica, en la que se muestran gran variedad de suculentas recetas en las que su principal ingrediente es sin duda la alcachofa. En este acto participaron más de 8.000 personas que pos solo 3 € pudieron disfrutar de la degustación de diversos platos que mostraban los más de 20 expositores. Como curiosidad comentar el caramelo de alcachofa de los alumnos del IES Joan Coromines.
Todos los años, en enero, se celebra la fiesta de la alcachofa, que está formada por diversos actos lúdicos y socioculturales, así como jornadas de estudio técnicas y profesionales. La cena de gala es el acto oficial que inagura la fiesta de la alcachofa. La demostración gastronómica junto con la "torrá" son los actos con más participación, pero por la gran aceptación de esta fiesta todos los actos son multitudinarios.

"Torrá" popular
El acto más popular de todos es sin duda la "Torrá" que consiste en hacer las alcachofas a la brasa. Hay que destacar la colaboración de muchos labradores que voluntariamente preparan todo lo necesario para el acto y así poder atender las largas colas que se forman para poder degustar estas alcachofas a la brasa.

Historia y antigüedad del cultivo de la alcachofa en la población de Benicarló.
Benicarló es una antigua población que tiene sus orígenes (refrendados arqueológicamente) en la época pre-ibérica e ibérica plena, con abundantes e importantes testimonios materiales procedentes de los yacimientos ibéricos de La Tossa y de El Puig de la Nau, ambos situados dentro del término municipal de esta ciudad. Transcurrido el largo período de la romanización y también el de la oscura etapa visigótica, se asentaron aquí los árabes con posterioridad al año 711 de nuestra era, prolongándose su presencia a lo largo de más de 500 años, notable espacio de tiempo éste, durante el cual se islamizó la vida, costumbres, actividades laborales, prácticas religiosas y en general la cultura de los habitantes de aquella pujante alquería de nombres Benigazlún y Benigazló, de la que Jaubert de Passa dijo: "Benigazló vio trocarse sus sedientos campos en una magnífica y rica huerta, y su suelo estéril se convirtió en vasto jardín". Sobre este nombre de Benigazlún, que es la más antigua denominación documentada (S. XIII) de Benicarló, es de opinión generalizada entre los historiadores que proviene del árabe Beni-Gazlún, a sea descendientes de los Gazlún, un grupo berebere asentado por estas tierras del norte de Castellón y sur de Teruel, que decidió instalarse asimismo aquí dando origen a la alquería benicarlanda.
Realmente son muchos 500 años de ocupación y de influencia de una cultura sobre un territorio para que no se consoliden en él importantes aspectos de aquélla. Algunos de estos aspectos dejaron aquí profunda huella, hasta el punto que todavía perduran y se pueden encontrar con facilidad en la práctica agrícola de nuestros pueblos, especialmente en cultivos hortícolas y en todo lo relacionado con los métodos y técnicas de extracción, almacenamiento y conducción de aguas para el riego. Nombres como sènia (ár. saniia), caduf (kaduz), aljub (al-gubb), safareig (saharaig), alquería (al-kariia), almàssera (al-ma'sara), etc., y otros relacionados con productos de la huerta como albergínia (al-badingana), bacora (bakora), albercoc (al-barkok), carxofa (xorsofa), safanòria (isfanariia), garrofa (xarroba), safrà (za'faran), síndria (sandia), y un larguísimo etc., tienen todavía plena vigencia lo mismo en su cultivo como en la denominación popular de los mismos entre la gente de nuestros pueblos. Quiero significar con todo ello que estos cultivos mencionados entre los que figura la alcachofa, y otros más a los que no se hace referencia, ya eran practicados por nuestros antepasados durante la presencia de los árabes en este lugar; de ahí la antigua tradición del hortelano benicarlando en producir, siquiera para el consumo familiar y para el de los animales domésticos, alcachofas, zanahorias, sandías, azafrán, algarrobas, alfalfa, etc.
Ahora unas recetas a base del producto:

Arroz con setas y alcachofas de Benicarló
Ingredientes (para 2 personas)6 corazones de alcachofas partidos por la mitad, 150 gr de setas variadas (rovellones, "ceps", setas de cardo, champiñones), 250 gr de arroz, 1 cebolla.Para el caldo:1 muslo de pollo y verduras (puerro, cebolla, zanahoria, apio, pimiento).Para la picada:1 tomate rallado, 2 ajos, 2 ramitas de perejil.PreparaciónPoner agua a hervir y agregar las verduras y el muslo de pollo. Hervir durante una hora. · Setas: Picar la cebolla finamente y sofreír. Cuando esté pochada añadir las setas cortadas y bien lavadas. · Arroz: En el paellero sofreír las alcachofas, luego el arroz y agregar la picada. Añadir las setas, el caldo y rectificar de sal.

Mar y montaña de rape, carne de vieiras, alcachofas de Benicarló y baquetas (Caracoles de monte)
Ingredientes1 rape mediano, la carne de 6/8 vieiras, 6 langostinos, 1kg de alcachofas, puerro, caracoles de monte, aceite, sal, una ramita de romero y harina.PreparaciónLimpiamos el rape y retiramos la espina, limpiamos las alcachofas, los langostinos, las vieiras, el puerro etc. · Ponemos a cocer los caracoles de monte junto con la ramita de romero y reservamos · Preparamos un sofrito con los ingredientes finamente picados y con un poco de bechamel a la que habremos añadido un poco de caldo de los caracoles. Con esta mezcla rellenamos el rape y lo atamos bien, lo ponemos al horno 15 minutos · Dejamos enfriar, lo cortamos en medallones y lo adornamos con los caracoles y de base una salsa americana.

Alcachofa de Benicarló con almíbar y chocolate a la menta
IngredientesAlcachofas, agua, azúcar, chocolate para fundir y leche.PreparaciónPoner a hervir en agua los corazones de la alcachofa, a mitad de cocción añadir azúcar al gusto y cocer al dente · Aparte habremos diluido el chocolate al baño maría con un poco de leche. Una vez diluido rociaremos los corazones de la alcachofa con el chocolate.
lunes, 3 de diciembre de 2007
Capítulo 24-Cena en Casa Nicolasa 30-11-2007
CLUB GASTRONOMICO
“MAR CANTÁBRICO”
Capítulo 24º -30.11.2007
Cena en Casa Nicolasa
Cena en el restaurante que regenta José Juan Castillo en la donostiarra calle Aldamar.
Cocina tradicional con toques de modernidad basada en la calidad.
Entre otros manjares degustamos los siguientes:
Entrantes:
-Ensalada de bogavante
-Huevos al plato con foie
-Delicias de verduras
-Cardos y alcachofas
-Sopa de gallina con tapioca
Continuamos con:
-Mero
-Kokotxas de merluza
-Salteado de foie con peras y su compota
-Lomo de ciervo
Y como postre entre otras cosas:
-Arroz con leche
-Torrijas
-Crema frita
- ......
En cuanto a vinos degustamos un Glorioso Reserva 2001 de Bodegas Palacios de Laguardia(Alava)
Se acuerda celebrar el próximo capítulo en el Restaurante Kokotxa de la Parte Vieja donostiarra galardonado con su 1ª estrella Michelín en la Guia del 2008. 
BIOGRAFIA DE JOSE JUAN CASTILLO
En época de vacaciones de estos establecimientos y entre traslados trabajé con mi padre. En el servicio militar estuve de cocinero con el Gobernador Militar. Concluida la mili pasé a trabajar a casa con mi padre, aunque estuve de barman en la Cafetería Manila de Madrid durante cuatro meses aprendiendo la barra.Con veinticuatro años fui jefe de cocina en el Hotel Miramar de Deba y en 1969 me casé con Ana María Ezcay. Allí estuve hasta que en 1986 adquirimos el Restaurante Casa Nicolasa de San Sebastián, donde nos trasladamos y lo regento desde entonces. En 1992 también regenté con mi buen amigo Genaro Pildain el restaurante del pabellón de Euskadi en la Exposición Universal de Sevilla, donde recibimos el premio al segundo mejor restaurante después de Francia, mejor español.He sido componente del grupo de cocineros de la Nueva Cocina Vasca y en mi vida profesional he acudido a simposios de cocineros, clases y he hecho estages en varios restaurantes. He preparado comidas en distintos establecimientos, con mis amigos de la Nueva Cocina Vasca y, a nivel personal, como la comida a la Reina Doña Sofía en el Palacio de Ayete.Durante todos estos años de faceta profesional tengo el honor y previlegio de ser miembro de distintas asociaciones, como: CHAINE ROTISEUR, CORDON BLEU, MAESTRO ASADOR, MESTRE DEL CAVA, COFRADE DEL QUESO DE IDIAZABAL, COFRADE DEL VIN DE BORDEAUX, COFRADE DEL VINO DE RIOJA, COFRADE DE LA MORCILLA DE BEASAIN, COFRADE DE LA SOCIEDAD GASTRONOMICA,...Actualmente me encuentro grabando una serie de programas de cocina en los que ya he grabado más de 1000:·Teledonosti, Telesevilla, Canal cocina de via digital....Mis hobbies a parte de la cocina son la lectura, sobre todo de Historia, y el ciclismo del que soy un gran apasionado.
HISTORIA DE CASA NICOLASANicolasa Pradera, nacida e Marquina (Vizcaya) fue la fundadora de este restaurante en 1912, cocinera entre 1890 y 1912 del palacio de Londaur y de la familia Gaytan de Ayala.
martes, 27 de noviembre de 2007
El firmamento según la Guia Michelín
ESTRELLAS
PARA
Tres en Cataluña y tres en el País Vasco.
SEIS FOGONES
Por John Carlin. Fotografía de Caterína Barjau
Es una lástima", reflexionó mi compañero de mesa mientras sorbía una cucharada de jamón líquido. "Me dan pena todos los demás cocineros".
Estábamos en El Bulli, en medio de los 40 platos del menú de degustación. Mi amigo representó a la Universidad de Oxford, hace unos 30 años, en el concurso anual de cata ciega contra Cambridge. Tiene una bodega personal con miles de botellas de primera categoría, es un estupendo cocinero aficionado y ha comido en más de 20 restaurantes con tres estrellas Michelin, la mayoría en Francia. Pero ninguno como el restaurante de Ferran Adriá, que hasta los franceses consideran el mejor del mundo. "En 500 años de cocina, a nadie se le había ocurrido algo así", dijo, mientras picaba de un lámina de papel con flores silvestres incrustadas. "Mi predicción es que nunca van a alcanzarle". A mí me costaría distinguir entre un borgoña y un burdeos, y puedo hablar de temas gastronómicos con poca más autoridad que de las perspectivas de vida en Marte. Sin embargo, tras una larga degustación de tres semanas en la que he visitado los seis mejores restaurantes de España o, al menos, los que Michelin ha ungido con sus tres estrellas-, empiezo a ponerme a la altura de mi amigo. Así pues, con la experiencia -si no el conocimiento- que este periplo me otorga, he aquí tres conclusiones previas.
Primera: mi amigo se equivoca al sentir lástima por los demás grandes cocineros del mundo. Los otros cinco que he conocido están entre los habitantes más afortunados de la Tierra: tienen talento, aman su trabajo y se ganan lavida muy bien. Segunda: la cocina española contemporánea simboliza el gran salto cualitativo que ha dado el país en poco más de una generación, de la carestía rural a la riqueza enla edad de la alta tecnología. Tercera: mi amigo tiene razón. Adriá es de otro planeta.
El chef más venerable de España, el primero que obtuvo las tres estrellas, está de acuerdo. A Juan Mari Arzak, cuyo restaurante fue la penúltima parada en mi degustatlón de seis partes, se le ha tachado de competitivo, pero no mostró una pizca de envidia ni de duda al declarar: "Ferran es el cocinero más imaginativo de la historia, y el más imaginativo que habrá jamás".


EL BULLÍ
Cala Montjoi, Roses (Girona) Michelin mata dos pájaros de un tiro. Cuando uno se compra la guía de restaurantes, no tiene más remedio que comprar el mapa de carreteras. Habrá quien ponga en duda el derecho de El Bullí a estar considerado como el mejor de los mejores restaurantes del mundo, pero de lo que no cabe duda es de que es el más inaccesible. A dos horas y media al norte de Barcelona, en la punta noreste de España, los últimos veinte minutos de peregrinación consisten en una tortuosa y estrecha carretera de montaña pensada más para las ovejas que para el automóvil.
Al llegar de noche, sorprende ver media docena de vehículos (un Porsche, un Mercedes, un Jaguar) en el aparcamiento. Los conductores de estos coches habrán esperado en algunos casos dos años para conseguir mesa. Pero entonces, ¿no piensan beber? Porque uno no puede consumir alcohol si es que luego pretende volver por el enrevesado camino de una sola pieza. Y, sin embargo,hay que beber, porque sería delito no hacerlo. O, al menos, eso es lo que opina mi catador de Oxford, al examinar la lista de vinos,de 147 páginas, con 1.618 nombres procedentes de 15 países (sin excluir Canadá), con la devoción de un obispo al que se le enseñaran los evangelios de San Lucas -en el original arameo-. "Pero... pero", balbucea, "¡algunos de estos vinos están por debajo delprecio de mercado! Los franceses cuestan la mitad que en un restaurante francés equivalente...". "Sí", explica el sumiller. "Nuestra filosofía es que la posibilidad de disfrutar de estos vinos debe estar al alcance de todo elmundo". ;El balanceo del cerebro en la subida hace que uno cruce el umbral del restaurante en un ligero estado hipnótico, acentuado en el momento de toparse con los empleados,cuyo aire crea la impresión de haber entrado en un castillo mágico, suspendido en el tiempo y el espacio. Vestidos en tonos grises y negros (recuerdan al doctor No en su isla), sin mostrar ni una rigidez intimidatoria ni una fa- miliaridad irritante, han logrado un tono colectivo de perfección. Hasta el punto de tener al día al cliente, si lo desea, sobre el partido que esté jugando el Barça. Eso sí, imparten la información como presentan sus platos de vanguardia, sin apasionamiento, como si se hubieran deconstruido del mismo modo quela cocina de Adriá y se hubieran transformado en entes no totalmente humanos, androides perfectos, guapos, suaves y esbeltos. Quizá es una ilusión óptica debida al gin fizz que le sirven a uno nada más sentarse en la terraza exterior, sobre la bahía, un minuto y 42 segundos después de entrar por la puerta; un gin fizz servido en una huevera en forma de espuma blanca y consumido con cuchara. El Bullí ofrece arte de performance y arte plástica (cada plato es un cuadro), y ciencia experimental, y rigor germánico, y -para el comensal- unas posibilidades infinitamente pretenciosas de acrobacia mental. Lo que no sirve, en ningún sentido cotidiano y reconocible de la palabra, es comida. Es una secuencia de experiencias que se capturan a través de la boca, pero también de los ojos, los oídos o el tacto. Casi todas las muestras se ingieren, de acuerdo con las instrucciones de los camareros, de un solo trago (40 platos, 40 cucharadas), por miedo a ensuciarse todo. Las aceitunas esferificadas son especialmente peligrosas. Si uno las mordisqueara como si fueran aceitunas naturales, el traje se echaría a perder. Son tan delicadas y suaves como unos huevos de codorniz pelados; consisten en una fina bola verde de membrana, rellena de esencia concentrada de aceituna licuada. El jamón líquido es tan transparente como el agua y tan sabroso como el original ibérico, y el plato de liebre es incluso más caprichoso en cuanto a su contradictoria invención: la liebre no es el guiso principal en el plato la guarnición de manzana ocupa más. La carne es una salsa marrón que conserva el aroma y la riqueza del original, pero que no da ningún trabajo a las mandíbulas. Tampoco lo dan las flores de horchata de chufa, el yogur de ostra ni el aire congelado de parmesano con muesli. Es un cruce entre la dieta de los astronautas y el doctor Seuss.
Es de suponer que, después de que los comensales se vayan, los camareros, el sumiller y el maítre recuperarán la normalidad, como Cenicienta después del baile -o como Adriá, que es a la España del siglo XXI lo que Picasso fue a la del XX-. Sin embargo, si Almodóvar buscara a un extra para una escena en un pequeño y oscuro bar de La Mancha, nadie cubriría el papel con más autenticidad que este catalán. La primera impresión, cuando abre la boca, es que le cuesta hablar, no sabe qué decir. Confunde las palabras y, aparentemente, la gramática. Hasta que uno se da cuenta de lo que pasa: las ideas le salen a borbotones, antes de que la lengua y los músculos de la garganta sean capaces de procesarlas. Pero lo importante son los ojos, unos ojos permanentemente abiertos, alertas, curiosos, que devoran todo lo que ven y procesan una información que, llegado el momento, transformará, mediante un proceso inescrutable de ingeniería y alquimia, en uno de los platos que crea en su laboratorio de Barcelona durante los meses de invierno. Los sonidos que emite, traducidos en palabras, dicen: "Aquí hemos creado un nuevo lenguaje. Esto no es comer. Esto es comer arte. Es una orquesta y un ballet. Es magia, con emoción y con pragmatismo". Es también una variedad propia de una jungla tropical. El 90% de lo que comemos es verdura o fruta, con una hoja de marisco o un chorro de carne líquida como guarnición. Los sabores y las texturas, siempre sorprendentes, van de lo dulce a lo salado, de lo crujiente a lo gelatinoso, de lo ácido a lo agrio, de lo esponjoso a lo quebradizo.
Mientras bajamos de vuelta a nuestro hotel (en un taxi) a las tres y cuarto de la madrugada, seis horas después de llegar, el maniático del vino de Oxford y yo pensamos que no tenemos los estómagos llenos, pero nuestros cerebros, en cambio, sufren una indigesta sobrecarga. Llevamos toda la noche tratando, por turnos, de encontrar las palabras para describir lo que hemos visto y vivido, como si Adriá nos hubiera retado a ser ingeniosos: "Dalí desatado en una cocina": "la ironía catalana en un plato": "iconoclasta pero disciplinado": "el estandarte de la nueva España"... hasta que caemos rendidos.


AKELARRESan Sebastián
El bigote decimonónico de Pedro Subijana cuadra con la imagen cinematográfica que uno tiene de los grandes cocineros franceses de toda la vida, pero el donostiarra es también algo mucho más contemporáneo: un hombre-empresa. Como lo es Adriá y como lo son, en mayor o menor medida, todos los grandes cocineros de hoy. Subijana hace libros, asesora y da conferencias, y ahora está construyendo al lado de su restaurante un hotel de lujo de 21 habitaciones que promete ser espectacular: tan luminoso como el propio restaurante, y con una impresionante vista del mar Cantábrico. San Sebastián tiene la mayor proporción de estrellas Michelín por habitante del mundo, pero se ha quedado un poco atrás en estrellas para los hoteles. Subijana prevé tener cinco en el suyo. La idea es prestar la misma atención minuciosa y detallada al diseño del hotel que a su cocina, en la que se detecta la influencia de Adriá, pero también la de la antigua tradición vasca.
Eso significa que su comida es atrevida y juguetona, pero que también hay que recurrir, a veces, al tradicional sistema de cuchillo y tenedor. El primer plato (de un total de nueve) llega presentado dentro de lo que parece una caja de bombones, que contiene, ordenadas en fila, ocho delicias sólo para adultos. Albahaca, por ejemplo, en forma de un caramelo verde, hueco y quebradizo. Luego, una ostra dentro de una falsa concha comestible, hecha de grasa de cerdo y pan negro, y acompañada de un original y encantador vino blanco de Málaga, llamado Cálvente, que es al mismo tiempo dulce como el moscatel y seco como un sauvignon blanc. Las perlas de foie están deliciosas, igual que el salmonete, con las espinas pulverizadas y espolvoreadas con aceite de oliva sobre las escamas, lo cual acentúa la intensidad del pescado. Pero sigue teniendo el aspecto reconocible de un pez, igual que el pedazo cilindrico de carne que sigue perfectamente tierna, a pesar de que está envuelto en una especie de hoja de cobre que resulta estar hecha de patata. El postre es ravioli de melocotón, pina y plátano en salsa de manzana.
Subijana, cuyo carácter queda reflejado en su exuberante bigote, dice que siempre ha sido un "fantasioso". "Pero detesto la actitud de la gente que trabaja en plan de 'Bueno, da igual... ¿qué más da?'. Si no se es paciente y concienzudo, el talento y la imaginación no sirven de nada". Subijana ha sido el último de los seis españoles en recibir las tres estrellas. Confiesa que él y la mitad de los que trabajan en la cocina lloraron cuando les dieron la noticia hace un año. ¿Pero cómo se las arreglan para no derrumbarse con la tensión de mantener ese nivel de tres estrellas en la meticulosidad de la comida, los ritmos sinfónicos entre cocina y comedor, las maneras de los camareros, los conocimientos enciclopédicos del sumiller, el esmero permanente en la limpieza sin mácula de cada copa, en cada mesa y cada plato, todos los días? "No, no... ¡es que ese detalle y ese estrés son necesarios! Así evitas caer en lo mecánico, ique es lo peor que te puede pasar!".
¿Su apetito por la tensión es el motivo por el que, a punto de cumplir 60 años, ha decidido embarcarse en el proyecto del hotel? "Mí familia me pregunta eso mismo", se ríe. "Me preguntan por qué me meto en líos. Les respondo que. cuando me muera, me moriré. Mientras tanto, a los líos!".

RACÓ DE CAN FABESSant Celoni (Barcelona)
Santi Santamaría ofrece calidad en más abundancia que cualquiera de sus grandes rivales españoles, empezando por el hecho de que no tiene tres, sino seis estrellas Michelin. Tres en Racó de Can Fabes; dos en su restaurante de Madrid, Sant Celoni, y una en Barcelona, en el restaurante Evo, en lo alto del nuevo hotel Hesperia. Santamaría tiene a gala, además, poner más comida en el plato que los demás. Y se le ve: en cuestión de dimensiones físicas, es el más grande de los seis, más cerca que los otros del estereotipo del cocinero epicúreo y barrigudo.
Comienza su menú de degustación con una delicada fila de pinchitos. Pero cuando el menú dice melón con jamón, eso es lo que hay. Un pedazo de algo que es claramente melón cubierto por una tira carnosa rojiblanca. Uno pide calamares y le dan una criatura marina completa, de color blanco con tentáculos, exactamente como salida del mar, salvo que la carne chiclosa ha sido transformada en la perfección al dente."La buena comida está para defecarla", fue el grito de guerra de Santamaría, su manifiesto, en una polémica conferencia que pronunció en el congreso de gastronomía Madrid Fusión en enero. Estaba siendo deliberadamente provocador, burlándose de lo que considera los excesos antinaturales de alta tecnología en la llamada revolución culinaria española. Santamaría se ha situado como en el polo opuesto de Adriá en España. Está más en línea con la escuela francesa tradicional -las siete clases distintas de pan que ofrece son todas caseras- y se enorgullece de hacer platos auténticamente catalanes con los mejores productos locales. Adriá, que en su restaurante desprecia el pan, y sólo lo sirve cuando alguien se lo pide, busca su inspiración y sus materias primas en todo el mundo. Una de las consecuencias de tanta originalidad es que, mientras que el jamón de Santamaría se defeca, el de Adriá se orina.
"Un restaurante no es un sitio para llevar a cabo experimentos", opina Santamaría mientras come, en la misma mesa que yo, un trozo normal, cuadrado, de queso amarillo con pan. "Claro que es una experiencia cerebral, pero lo fundamental es descubrir el placer de manera relajada y sensual. Si uno pide carne, hay que servirle carne, ¡no aroma de carne!". No es un seguidor de la revolución que ha encabezado Adriá. "Nuestra sociedad está demasiado americanizada, demasiado obsesionada con valorar la novedad por la novedad. Ahora hemos reinventado al cocinero como científico, artista, actor, lo que sea. ¡Bah!".
En su ansia de lo que llama, con orgullo, autenticidad, ha instalado su restaurante en la misma casa en la que nació. La elección de local es, en cierto modo, tan perversa como la de El Bullí. Racó de Can Fabes está a 45 minutos o más de Barcelona, en un oscuro rincón de Sant Celoni, un pueblo como miles de otros en España y un lugar cuyos encantos son visibles, sobre todo, para los santceloneses."Es una locura estar en este lugar", sonríe Santamaría, "pero es donde nací, y me llena de satisfacción y alegría que la gente se moleste en venir hasta aquí en busca de unos momentos de placer; en una época en la que estamos tan saturados de objetos que la gente viene en busca de ricos momentos como los que nos esmeramos por proporcionar".



Lasarte (Guipúzcoa)
Lasarte tampoco es de lo más moderno; estos grandes cocineros parecen tener un puntito de sentimentalismo. Martín Berasategui ha situado su restaurante en un pueblo no muy elegante, a las afueras de la ciudad más elegante de España, porque resulta que su mujer. Oneka, es de allí. Él la adora y la valora por igual, y le atribuye "al menos" el 50% del éxito (ella dirige el comedor, y él, la cocina) de su restaurante. Berasategui tiene unos ojos juveniles y curiosos, y un franco entusiasmo al hablar que le hace parecer la mitad de los 47 años que tiene. Sin embargo, dirige un negocio que da trabajo a 500 personas (otros tres establecimientos, una editorial y una línea de vajilla y cubertería), y su restaurante, cuyas altas ventanas dominan una colina de color verde profundo, es tan sereno y espacioso como la sala de juntas de un banco londinense.
¿Cómo lo hace, cuando conservar esas tres estrellas es, ya en sí, un implacable reto diario? "En parte, es que soy tremendamente trabajador, hasta unos extremos de locura," confiesa, sonriente. "Me acuesto a la una de la madrugada, me levanto a las seis y media, estoy en la cocina a las nueve y allí me quedo hasta la noche, menos una pausa que hago entre cinco y siete de la tarde. Y no me provoca ninguna tensión. Ninguna. Lo principal es que cuento con un equipo fantástico, una familia perfecta, tanto en el restaurante como en la empresa en general. Yo me concentro en mi cocina, y eso no me cuesta nada".
Su base es tradicional, la que aprendió de su padre, carnicero, y de su madre y su tía, que dirigían un restaurante del que aún es el dueño en el centro de San Sebastián, el Bodegón Alejandro. "No pongo límite a mi creatividad, pero las raíces de mi cocina son vascas. Si viene un japonés, quiero que vea y sienta lo que es eso, del mismo modo que, cuando voy a Japón, quiero ver y sentir comida claramente japonesa".
Sin embargo, Berasategui, un hombre de figura ágil, está más próximo a la escuela de metamorfosis de Adriá que al nada de bobadas de Santamaría. En el menú de 15 platos abundan los aromas y escasean los defecables, con mucha espuma e infusión (berberechos líquidos, por ejemplo) y "un aire a jengibre". Sus pequeñas porciones de marisco y carne parecen lo que son, pero, pese a conservar todo su sabor, dan la impresión de que se les ha eliminado toda la grasa y el colesterol. La presentación es exquisita, sobre todo en uno de sus platos más característicos, creado por primera vez en 2002: la ensalada tibia. En el plato parece una exuberante isla tropical, con pequeñas hojas y flores de color naranja, rosa, amarillo, morado y una docena de tonos de verde, sobre un mar de lo que el menú llama zumo yodado, un líquido gelatinoso que lubrifica la ensalada como hace normalmente el aceite de oliva, sólo que de sabor más fresco. La economía del plato es tan extraordinaria como su aspecto, porque el contenido en calorías es prácticamente nulo y, sin embargo, la sensación al acabar es de que uno ha agotado todas la posibilidades que una ensalada es capaz de ofrecer.
"Hace seis años empecé a hablar con farmacólogos y dietistas y les presté mucha atención", explica Berasategui. "Lo que pretendo hacer es obtener las máximas posibilidades de combinar el sabor con la comida sana. Me gusta cocinar así. No quiero que alguien venga a mi restaurante a disfrutar durante dos horas y luego tenga que sufrir durante 14".


ARZAKSan Sebastián
Juan Mari Arzak y Ferran Adriá son grandes amigos. Acaban de pasar dos semanas juntos en un barco en el Caribe. Pero sus dos restaurantes no pueden ser más distintos. Al entrar en Arzak, el primer restaurante español con tres estrellas Michelin, uno siente que está entrando en una casa de familia. Y en realidad es así. Juan Mari Arzak nació aquí, igual que sus padres. Su hija y heredera, Elena, encantadora y sin pretensiones, es su mano derecha en la cocina. El Bulli se siente como un lugar remoto y los empleados tienen un aire anónimo que induce al trance, mientras que en Arzak, todos se mueven y actúan como si fueran primos, tíos, hermanos, abuelos, sobrinos los unos de los otros. Los camareros de Adriá parecen sacados de una película de ciencia-ficción; los de Arzak, del Decamerón de Bocaccio en versión de Pier Paolo Pasolini: carnales y campechanos.
La comida está deliciosa, la mezcla ideal de innovación etérea y tradición trabajada. Higos asados con aceite de hígado, langosta con aceite de oliva blanca, cordero con té verde ahumado. Un sueño. La combinación de lo viejo y lo nuevo se pone de manifiesto cuando uno entra en las profundidades de la laberíntica casa de Arzak. Por un lado, una bodega que envidiaría la mayoría de los grandes restaurantes franceses: 80.000 botellas, 2.600 vinos diferentes; por otro, un laboratorio para experimentos en el que el lugar de honor lo ocupa un gran cachivache de metal llamado liofilizador, capaz de convertir un pedazo de merluza en polvo. Es una máquina, explica uno de los jóvenes técnicos de Arzak, que congela en seco (y no sólo la merluza, sino todo), que deshidrata pero conserva todas las sales, los minerales y los nutrientes de los alimentos. Hace casi cuatro años que tienen el aparato, y se ha convertido en un elemento esencial de la producción del restaurante.
Una mujer alemana llamada Ulla estaba comiendo a solas en la mesa al lado de la mía. Se inclinó y, eufórica, me dijo: "Es la mejor comida que he probado jamás, ¡ El detalle, la presentación, el ambiente, el servicio que da con el tono justo, nada pretencioso, falso ni forzado! Y la disciplina militar que sabes que está detrás, ¡el ritmo! Pero, sobre todo, ¡la comida! Está tan rica que me dan ganas de llorar". Ulla sabe de lo que habla. Tiene cuarenta y pico años y dejó hace dos su trabajo en Hewlett-Packard para dedicarse a su pasión, la cocina. Hizo un curso de gastronomía en París y ahora trabaja en un restaurante próximo a Burdeos que tiene dos estrellas Michelin desde hace 30 años. ¿Qué representa esa estrella de diferencia? "¡Ah!", dice, casi con desdén, "allí tenemos grandes platos llenos de comida. ¡Esto es arte!".
A Arzak le habría encantado oír eso. Como le habría encantado oír a otro comensal que, después de devorar 14 de sus mejores platos, dijo: "Me siento deleitado, pero nada inflado". "Hay personas que ahorran para venir a comer aquí. Llegan tan llenos de expectativas que no podemos decepcionarles", explica el patriarca de la cocina española, que tiene 65 años. pero que, lejos de dormirse en los laureles, comparte con Berasategui el mismo aire de entusiasmo permanente de niño travieso. "El mayor elogio que puede hacerme una persona es decir que hemos superado sus expectativas".
¿Tiene planes de jubilarse? "Existe un proverbio chino que dice: 'Si tu trabajo es tu pasión, no es trabajo'. Ése es el sentimiento que he tenido siempre y sigo teniendo. Pretendo seguir adelante. Sólo me jubilaré cuando mi hija Elena me diga que empiezo a ser un estorbo".
"EN OTROS PAÍSES ENVIDIAN LO BIEN QUE NOS LLEVAMOS. NOS ESTIMULAMOS UNOS A OTROS"

SANT PAUSant Pol de Mar (Barcelona) La tentación es pensar que el toque femenino es lo que explica el aspecto filigranesco de las pequeñas obras de arte que presenta Carme Ruscalleda. Cada uno de los platos que comí en los seis restaurantes era una fiesta para los ojos. Santamaría era más Goya; Adriá, Miró. Pero los de Ruscalleda parecen tener una simetría un punto más delicada. Atacar su comida con una cuchara o un tenedor sería un acto vandálico, casi psicópata, como acuchillar una acuarela de Monet.
Tocar, mucho menos comer, la ensalada de cigalas debería estar directamente prohibido. La "ensalada" (eso es lo que pone el menú) llega en una pequeña caja transparente de gelatina endurecida, del tamaño justo como para que quepa una pelota de golf. Dentro de la caja, condensados y variados al mismo tiempo, están los sabores del mar y el huerto mediterráneos: cigalas, aceitunas, albahaca, vinagre de cava.
El plato de rape con champiñones es una especie de miniatura japonesa. Los cinco quesos del final consisten, cada uno de ellos, en una fina loncha acompañada de un dulce diminuto, exquisitamente hecho -higo glacé o brioche de miel-, pensado y seleccionado para resaltar los sabores característicos de cada uno de los quesos.
Aquí cuenta mucho el escenario. El comedor está sobre la cocina, con vistas a un jardín arbolado típicamente mediterráneo, las vías del tren y, más allá, el mar. Mientras tomamos café y "divertimentos de pastisseria" en el jardín, de donde dice que extrae su considerable energía, Ruscalleda describe su comida como "arte para ser devorado". ¿Por qué no sólo para comer? "Esta comida debe provocar la voracidad. Sería una pena que la gente se fuera diciendo: 'No era más que comida".
Tiene 54 años, pero parece más joven. El cabello, teñido de negro y con corte punk; es alta y delgada, con la espalda tan tiesa como la de un coronel. No porque no coma, me da la impresión, sino porque rebosa tensión creativa, y eso quema calorías. Es importante en España y es importante en Japón, donde también tiene un restaurante: en Tokio, una megalópolis ruidosa y lo más alejada que se pueda pensar de la tranquila Sant Pol, donde Ruscalleda nació. En los últimos años, ella y los demás grandes cocineros se han convertido, le propongo, en estrellas pop, los David Beckham de la cocina. No le desagrada la comparación. "¡Es estupendo! Cuando empecé a dedicarme a esto, la gente me compadecía. Pensaban que estaba sumiéndome en un gran agujero negro. Ahora ven lo que hago y les parece una felicidad, una suerte. Es el mismo trabajo, pero ahora parece un mundo de dinamismo y color".
¿Y cómo se lleva con los chicotes, con las otras estrellas Michelin? "Estupendamente. Creo que la gente de otros países envidia lo bien que nos llevamos cuando nos ve en los grandes acontecimientos. Nos comprendemos y nos estimulamos unos a otros".
Lo que les une, independientemente de sus estilos y de lo que Santamaría llama sus "ideologías", es lo que une a cualquiera que alcanza la cima en lo que hace, sean violinistas, escritores, futbolistas o cocineros: un talento natural sumado a una feroz capacidad de trabajo y rigor. Son personas con un tremendo empuje individual pero que, al mismo tiempo, saben trabajar en equipo, motivar y organizar con enorme precisión a sus empleados, que van desde 32, en el caserío familiar de Ruscalleda, hasta 70, en la isla encantada de Adriá.
Lo más importante es que, además de ser brillantes, disfrutan con lo que hacen más que con ninguna otra cosa y sienten una necesidad biológica de proporcionar placer. Por eso acude a ellos gente de todo el mundo -en los seis restaurantes, al menos la mitad de la clientela es de origen extranjero- a degustar sus platos, y por eso se van agradecidos de que exista gente así en el mundo y con una sensación de bienestar que puede durar días. O incluso años. Los platos que sirven estos genios representan un ataque no sólo a los sentidos, sino, como ellos mismos dicen, al cerebro también. Y por eso el recuerdo de las aventuras gastronómicas vividas en sus restaurantes, el sabor y las texturas de sus inventos perduran en la memoria.
En el caso de El Bulli, la experiencia es el equivalente gastronómico a una final de la Copa del Mundo. Uno puede disfrutar más o menos con el juego en sí, con la comida (y Adriá acepta que haya gente que disfrute más con una buena hamburguesa a la barbacoa que con su líquido concentrado de liebre), pero como ocasión es extraordinaria, inolvidable y absolutamente diferente.
Por eso muchos de los principales cocineros del mundo, incluidos muchos de los españoles, peregrinan allí al menos una vez al año. Por eso Arzak opina que Adriá habita una dimensión diferente del resto; por eso Ruscalleda dice que se siente orgullosa de que sea su compatriota. "Mi comida es una expresión de mis raíces", dice ella, "pero él es un pionero en todo lo que hace; sacude el mundo entero de la alta cocina. Es un genio y, sin embargo, como persona, es lo menos pretencioso y lo más normal. Los grandes cocineros de antes guardaban bajo llave sus secretos. Él los revela y abre puertas para todos los demás. La generosidad y el genio juntos: ésa es la grandeza de Ferran". •
19/11/2007 15:28 h CAPITAL DE LA ALTA COCINALa guía Michelin reparte 191 estrellas en Tokio, dos de ellas para el restaurante de Carme Ruscalleda
• La ciudad japonesa logra un récord de distinciones, con casi el doble que París
Carme Ruscalleda (centro), con el equipo de su restaurante de Tokio, el pasado julio. Foto: JORDI JUSTE El restaurante Sant Pau situado en Tokio, de la chef catalana Carme Ruscalleda, ha sido reconocido hoy con dos estrellas en la guía Michelin de la capital nipona, que ha otorgado a esta ciudad un récord de 191 estrellas, casi el doble que a París.Ruscalleda ya había recibido tres estrellas Michelin, la máxima calificación que otorga la prestigiosa guía francesa, por su primer Sant Pau, ubicado en Sant Pol de Mar (Maresme). Tras conocer la distinción, Ruscalleda ha confesado que esperaba recibir una estrella Michelin y, al recibir dos, se ha sorprendido agradablemente. La cocinera ha añadido que durante este tiempo ella y su equipo han trabajado "con sana ambición profesional". "La comida es una embajada gastronómica, un motor económico y proyecta el turismo. Los japoneses son un público que sabe mucho y cuando se meten algo en la boca, saben si está bien equilibrado y bien cocinado", ha apuntado Carme Ruscalleda.Sabores puros e intensosEl jefe de cocina francés del Sant Pau, Jerome Quilbeuf, ha comentado que están "muy contentos y orgullosos" al ver recompensado su trabajo y, por otra parte, considera lógico que Tokio haya recibido tantas estrellas."En la cocina japonesa hay un gran respeto por el producto y hay grandes profesionales cuidando la materia. Tokio es una ciudad inmensa, como el país. Es una cocina que impresiona a los occidentales, los sabores son puros e intensos", ha afirmado Quilbeuf.Además del Sant Pau, el restaurante Ogasawara Hakushakutei ha sido distinguido con una estrella Michelin. El Ogasawara, situado en uno de los inmuebles más antiguos de Tokio, de 1927, presenta una oferta de cocina española contemporánea del chef Junichi Nishimura.Gastronomía española en TokioEl Sant Pau y el Ogasawara son los únicos restaurantes de gastronomía española reconocidos por la guía Michelin entre los 150 de Tokio que merecen al menos una estrella, de los cuales el 60% ofrecen cocina japonesa y 42, gastronomía francesa. En total, hay ocho restaurantes en Tokio con tres estrellas, 25 con dos estrellas --entre ellos el Sant Pau-- y 117 con una estrella, lo que suma un total de 191 estrellas, más que en ningún otro lugar del mundo.En la rueda de prensa de presentación, Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, se ha rendido ante el nivel culinario de los restaurantes de Tokio, después de que sus inspectores visitasen 1.500 de los 160.000 que tiene esta capital durante año y medio. "Tokio tiene algunos de los mejores restaurantes del mundo y se ha convertido en la capital con más estrellas Michelin", ha declarado ante centenares de periodistas que abarrotaban la sala.
encontrada en la Red:
Guía Michelin, de la expectación al desencanto
CARLOS MARIBONA. MADRID.
Fiel a su cita de todos los años, entre la expectación previa de los cocineros y el habitual desencanto de todos -profesionales y aficionados-, por su permanente maltrato a nuestros restaurantes, ha salido a la venta la edición 2008 de la Guía Roja Michelin para España y Portugal.
La principal novedad de la edición de este año es que no hay novedades. O lo que es lo mismo, que un año más los cocineros españoles, considerados entre los mejores del mundo, quedan postergados: compuestos y sin apenas estrellas. Cuando se acaba de confirmar que un país como Alemania tiene nueve restaurantes con tres estrellas (el máximo galardón que concede la Guía Roja) resulta difícil de entender el hecho de que en España sólo se concedan a seis establecimientos, los mismos que el año pasado: tres restaurantes de Cataluña (El Bulli, de Ferrán Adriá; Can Fabes, de Santi Santamaría; y Sant Pau, de Carmen Ruscalleda) y otros tantos del País Vasco (Arzak, Martín Berasategui, y Akelarre, de Pedro Subijana).
Con dos estrellas figuran diez restaurantes, uno más que en la anterior edición ya que se une al grupo Abac, de Barcelona. Repiten Tristán (Mallorca); Atrio (Cáceres); El Poblet (Denia); Mugaritz (Rentería); La Broche y Santceloni (Madrid); Zuberoa (Oyarzun); La Alquería (Sanlúcar la Mayor, Sevilla), y El Celler de Can Roca (Gerona). Que este último, considerado unánimemente como uno de los grandes de España, no haya recibido aún las tres estrellas es una de las decisiones más incomprensibles de una guía llena de decisiones incomprensibles y que un año más infravalora a la cocina española. Faltan también, en la relación de los dos estrellas, restaurantes de enorme nivel como pueden ser El Bohío (Illescas, Toledo), o Casa Gerardo (Prendes, Asturias), entre otros muchos.
La relación de establecimientos galardonados con una estrella incluye 108 nombres. Las novedades de este año son Comerç 24 (Barcelona); Yayo Daporta (Cambados); Kokotxa y Kursaal (San Sebastián); Arrop (Gandía); Massana (Gerona); Azurmendi (Bilbao); El Club Allard (Madrid); El Casals (Sagás, Barcelona); Retiro da Costiña (Santa Comba, La Coruña); Villena (Segovia); El Molino de Urdániz (Urdaiz, Navarra); Ramiro´s (Valladolid) y Calima (Marbella). Naturalmente en la relación hay bajas. Pierden su estrella La Casa del Abad (Ampudia, Palencia); Aldebarán (Badajoz); Koldo Royo (Palma de Mallorca); Gallery Paladares (Gijón); Carballeira (Lérida); Mesana (Marbella); Casa d´a Troya (Madrid) y Chez Víctor (Salamanca).
La guía está a la venta desde ayer al precio de 25,50 euros en un estuche especial con un termómetro para vino. Y como siempre, sale a la calle envuelta en la polémica. Para confirmarlo, un último dato: sólo en la ciudad de Tokio, cuya guía acaba de publicarse también estos días, hay 150 restaurantes con estrella, 26 más que en toda España. Cosas de la Michelin. Seguiremos esperando.
22 noviembre 2007Guía Michelín 2008 de España & Portugal

Para empezar, ningún restaurante se estrena como triestrellado, se mantienen los tres catalanes y los tres del País Vasco, sólo hay un restaurante que al que le otorgan las dos estrellas y se entregan 14 nuevas estrellas. Como contrapartida, hay 9 retiradas.
Vamos a por los nombres, el restaurante que ha conseguido su segunda estrella es el Àbac de la mano del chef Xavier Pellicer en Barcelona. El resto de nuevas estrellas concedidas con su primer asterisco son Comerç 24 (Barcelona), Massana (Gerona), Ramiro’s (Valladolid), Yayo Daporta (Cambados), Retiro da Costiña (Santa Comba), Kokotxa (San Sebastián), Kursaal (San Sebastián), Arrop (Gandía), Azurmendi (Larrabetzu), Club Allard (Madrid), Calima (Marbella), Els Casals (Sagàs), Villena (Segovia) y El Molino de Urdániz (Urdániz) .Las peores sorpresas son para quienes pierden una estrella Michelin, en esta ocasión nueve que corresponden al restaurante mallorquín Koldo Royo, al restaurante marbellí Mesana de Ramón Freixa, la Posada Real La Casa del Abad de Ampudia en Palencia, el Albedarán de Badajoz, La Casa d’a Troya de Madrid, Jean Luc Figueras de Barcelona, Gallery de Gijón, Carballeira de Lérida y Chez Víctor de Salamanca.
Este año había algunas otras apuestas, como la tercera estrella para El Celler de Can Roca o la segunda para El Bohío o Casa Gerardo, pero ya se ha cerrado la timba.
Ahora, cada uno a comer donde más le apetezca.
Guía Michelin 2008, Alemania con más estrellas que España e Italia, de momento...
Ya se han publicado los datos de la nueva Guía Michelin 2008 para Alemania que saldrá al mercado el próximo viernes 16 de Noviembre.
En ella, los restaurantes alemanes, más conocidos en España por las salchichas, el pan de centeno y la cerveza, que por la cocina para sibaritas, han recibido tres triples estrellas más, con lo que se eleva a nueve el número de restaurantes alemanes que ostentan tres estrellas Michelín.
De esta manera, Alemania se sitúa segundo, detrás de Francia, como país con más tri-estrellados.
En primer lugar, por supuesto, Francia, con nada más y nada menos que 26 restaurantes con tres estrellas. Le siguen, tras Alemania, España y Portugal con seis, e Italia con cinco.
Pero no se apuren, la posición de Alemania como segunda tras Francia en esta hipotética competición podría cambiar. Michelín no ha publicado aún su guía 2008 para Italia, ni la de España y Portugal.
Además, uno de los restaurantes alemanes galardonados con el triestrellato lleva por nombre “Amador”. Al frente, y de padres granadinos, Juan Amador: “Alemán de cabeza y español de corazón” según se define a si mismo este cocinero de 38 años que a pesar de haber nacido en Strümpfelbach, un pueblecito de la Selva Negra, lleva con orgullo su origen andaluz.
Discipulo de la cocina de vanguardia vasca y catalana, de Juan-Mari Arzak, Martín Berasategui y Ferran Adriá, y sin perder de vista al inglés Blumenthal, Juan Amador se sube a la élite de la cocina logrando la hazaña de destacar en la historia de la gastronomía alemana al convertirse en poco menos de dos años uno de los mejores cocineros del país.
Ya saben, si pasan ustedes por Langen, cerca de Fráncfort, no dejen de visitarle…

Los restaurantes de Tokio lideran la Guía Michelin
Publicado el 20/11/2007, por Expansion.com
La Guía Michelin es siempre noticia, y esta vez ha roto esquemas. Ha repartido en la restauración de Tokio 191 estrellas en su estreno en esta guía, mientras que a su tradicional ciudad favorita, la omnipresente París, le ha otorgado 64, y tan sólo 24 a la cosmopolita Nueva York.
Tokio figura desde ayer en el firmamento Michelin y lo hace con un papel estelar: la capital japonesa ha logrado 191 estrellas, que la polémica guía gastronómica francesa ha repartido a 150 restaurantes. En la primera versión que Michelin dedica a una ciudad no occidental, Tokio gana en el ránking mundial a París, ciudad a la que casi duplica en número de estrellas. Aun así, Francia mantiene todavía su particular reinado gracias a Joël Robuchon, chef francés que, con las distinciones concedidas ayer a sus locales de Tokio, se convierte en el cocinero con más estrellas Michelin del mundo (17). Robuchon adelanta así al célebre Alain Ducasse (con 15) y al británico Gordon Ramsay (con 11). En su primera incursión japonesa, que se suma a la creciente vocación global de la guía gala (en los últimos dos años, a las versiones europeas se han sumado las guías de Nueva York y San Francisco), Michelin también ha tenido un efecto español. La cocinera catalana Carme Ruscalleda ha recibido dos estrellas para su local Sant Pau de Tokio, que se suman a sus tres asteriscos en España.

Tokio, capital mundial de la Guía Michelin
La capital japonesa es la ciudad del mundo mejor valorada por la guía francesa
Sus inspectores culinarios visitaron 1.500 restaurantes durante un año y medio
El 'Sant Pau' y el 'Ogasawara' son los únicos de gastronomía española premiados

Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, en Tokio. (Foto: AFP)
ELMUNDO.ES EFE
TOKIO.- "Tokio tiene algunos de los mejores restaurantes del mundo y se ha convertido en la capital con más estrellas Michelin", indicó Jean-Luc Naret, director de las guías Michelin, ante centenares de periodistas.
Naret se rindió al nivel culinario de Tokio después de que la prestigiosa guía francesa otorgara 191 estrellas a los restaurantes de la capital nipona. Para ello, sus inspectores culinarios visitaron, durante año y medio, 1.500 de los 160.000 locales que tiene Tokio.
En total, hay ocho restaurantes con tres estrellas -sólo superado por 10 en París-, 25 con dos estrellas y 117 con una estrella, hasta un total de 191 estrellas, más que en ningún otro lugar del mundo y casi el doble que en París.
El 'Sant Pau' y el 'Ogasawara Hakushakutei' son los únicos restaurantes de gastronomía española reconocidos por la guía Michelin entre los 150 de Tokio que merecen al menos una estrella, de los cuales el 60% ofrecen cocina japonesa y 42 gastronomía francesa.
El 'Sant Pau' de la capital nipona, de la chef catalana Carme Ruscalleda, ha sido reconocido con dos estrellas en la Guía Michelin. Ruscalleda ya había recibido tres estrellas Michelin, la máxima calificación que otorga la prestigiosa guía francesa, por su primer 'Sant Pau', ubicado en Sant Pol de Mar (Barcelona).
Tras conocer la distinción, Ruscalleda aseguró que esperaba una estrella Michelin y ahora recibir dos ha sido una sorpresa, pero añadió que durante este tiempo ella y su equipo han trabajado "con sana ambición profesional".
"La comida es una embajada gastronómica, un motor económico, y proyecta el turismo. Los japoneses son un público que sabe mucho y cuando se mete algo a la boca, sabe si está bien equilibrado y bien cocinado", apuntó Carme Ruscalleda.
El chef francés del 'Sant Pau', Jerome Quilbeuf, comentó que están "muy contentos y orgullosos" al ver recompensado su trabajo y consideró lógico, por otra parte, que Tokio haya recibido tantas estrellas.
"En la cocina japonesa hay un gran respeto por el producto, antes que nada; hay grandes profesionales cuidando la materia. Tokio es una ciudad inmensa, como el país. Es una cocina que impresiona a los occidentales, los sabores son puros e intensos", dijo.
Además del 'Sant Pau', ha sido merecedor de una estrella Michelin el restaurante 'Ogasawara Hakushakutei', situado en uno de los inmuebles más antiguos de Tokio, de 1927, y que presenta una oferta de cocina española contemporánea del chef Junichi Nishimura.
Una portavoz de ese restaurante dijo, tras hacerse público el reconocimiento de la guía francesa, que están "muy agradecidos por esta valoración" y que esperan "no relajarse" con el premio. "Nuestra intención es seguir trabajando como antes y ofrecer un ambiente alegre a los clientes, como el que hay en España", indicó.
